•   Contratapa del libro “Bravo Denis”  |
  •  |
  •  |

El lunes 8 de octubre de 1956 estaba pegado al radio de tubos de mi casa en Masatepe con el corazón herido, porque yo iba con Los Dodgers, y los Yankees estaban ganando 2 a 0 aquel partido de la Serie Mundial que narraba Buck Canel, con su voz sonora que se acercaba y alejaba en la onda corta. Pero el milagro estaba por ocurrir y Don Larsen, el pitcher de los Yankees, ponchó al último bateador de turno para coronar así su Juego Perfecto, algo que yo creí entonces, nunca se volvería a repetir contra los Dodgers.

Si lo hizo 30 años después Tom Browning, no lo recuerdo, pero el 28 de julio de 1991, el chirizo Denis Martínez vistiendo el uniforme de los Expos de Montreal, que ya no existen más, lanzó a los Dodgers otro Juego Perfecto entrando a un grupo selecto. Ya no me hirió el corazón. Los Dodgers de Brooklyn se habían ido hacía años a Los Ángeles, y yo ya no era un niño. Al contrario, me llenó de gozo. Un nicaragüense se alzaba en las Grandes Ligas hasta la cima de los héroes capaces de hazañas imposibles, y sobre todo, la hazaña que para mí ha sido siempre la más mítica de todas, la del Juego Perfecto, 27 outs uno tras otro, una apuesta contra el destino en la que el rigor, la calma, la astucia, la inteligencia, la fuerza del brazo, la iluminación, trabajan inning tras inning en contra de la fatalidad que se viste de malas casualidades y errores imprevistos, como ocurre con todos los heroísmos cuando se ponen a prueba.

Edgar Tijerino nos cuenta en este libro “Bravo Denis”, la historia de un pitcher que llevó su brazo a la perfección, y a Nicaragua a uno de sus mejores momentos de gloria, una gloria continuada que quedó en sus números finales para los anales de la historia, 245 juegos ganados, más que cualquier otro latinoamericano en las Grandes Ligas, 4,000 innings lanzados (menos un tercio), 30 blanqueadas, 4 Juegos de Estrellas, hasta que entregó la pelota sagrada a los 43 años de edad.

Una historia dramática desde su infancia de muchacho pobre, cuyos padres soñaban verlo ingeniero, su lucha por dominar la perfidia del alcohol, como terminó dominándolo, porque allí también a fuerza de voluntad, dejó con la carabina al hombro a la fatalidad. Todo está contado en esa prosa nerviosa y ágil de Edgar, el mejor cronista de las vidas y gestas de los héroes deportivos a quienes los dioses protegen desde las alturas del Olimpo.

La leyenda de los grandes pitcheres nicaragüenses de todos los tiempos se abre con la figura de José Ángel “El Chino” Meléndez, mítico también en mi memoria y en la de todos, porque un día lanzó un gran juego contra los Dodgers de Brooklyn en Panamá, y se cierra con Denis Martínez, impasible en la colina hasta el último out de su Juego Perfecto, que, a lo mejor, dentro de 100 años se pensaría que nunca existió, porque las leyendas son así, a no ser porque Edgar Tijerino ha dejado constancia en este libro de la vida de quien lo lanzó, y de sus demás proezas inolvidables.