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¿Se puede convertir en algo trágico quebrar uno de los grandes records del beisbol? Para Roger Maris lo fue. Disparando su jonrón 61 aquel 1 de octubre de 1961, hace medio siglo, cuando el mundo todavía era visto en blanco y negro, Maris en lugar de saltar hacia el cielo luego de tumbar el récord de 60, en poder de Babe Ruth desde 1927, una de las cifras sagradas del beisbol, se sintió catapultado hacia lo infernal. Murió en 1985 víctima del cáncer sin haber sido perdonado, abrazado a un asterisco repulsivo.

Y es que Roger Maris “insultó” a los puristas conectando esos 61 jonrones en una temporada de 162 juegos, mientras Ruth lo hizo en 154. Sin embargo, ojo, fue necesario esperar hasta 1998 para que la marca de Maris fuera derribada por los casi “Cíclopes” mata-pitcheres, MacGwire y Sosa.

La pelota lanzada por el novato de Boston, Tracy Stallard, un derecho de 24 años, fue aplastada por el elegante y destructivo swing zurdo de Maris aquel primero de octubre, descendiendo majestuosamente en las tribunas. El legendario Babe Ruth quedó atrás.  Frente a la proeza, todos deberíamos haber saltado de júbilo, pero en lugar de eso, vimos cómo Maris fue colocado en el banquillo de los acusados.

¿Cuál fue el crimen? ¿Por qué los críticos y el Comisionado Ford Frick presionaron brutalmente a Maris mientras amenazaba la  marca? ¿Fue justo subestimar su proeza? Más adelante, cuando él ya no estaba entre nosotros, el asterisco ignominioso fue borrado.

"Si no lo consigue en 154 juegos, no vale”, había advertido el Comisionado Ford Frick fabricando un factor extra de presión, y volcando a un sector del periodismo en contra de la progresión del slugger...”Si lo logra en 162 juegos, el récord de Ruth sobrevivirá, y se colocará un asterisco a la orilla de Maris”, agregó.

Rumbo al récord más discutido de los últimos tiempos, Maris caminó por senderos amargos. La legión de seguidores de los todopoderosos Yanquis del 61 estaban al lado del ídolo Mickey Mantle, involucrado en una feroz lucha con Maris por el liderato de jonrones en esa temporada. Pero Mantle se vio seriamente afectado por lesiones y estuvo entrando y saliendo en el line-up para terminar con 54 jonrones.

Por otro lado, la dirigencia de los Yanquis y los periodistas no parecían atraídos por la posibilidad de ver caer la marca de Ruth. “Eso sería una fatalidad”, escribió Dick Young en su siempre polémica columna

Treinta años después de aquel 1961, el maldito asterisco desapareció por decisión de Fay Vincent, un excelente alumno de Bartlett Giamatti. Los que consideramos el beisbol algo tan apasionante, no pudimos evitar salir desnudos del baño y gritar como Arquímedes. ¡Eureka! Ya era hora.  Vincent se convenció que la validez del récord no está en dependencia de la longitud de la programación, sino de la cifra derribada más allá de la variedad de condiciones. Con un gran sentido práctico, ordenó borrar el asterisco. Un reconocimiento post-morten para el artillero que una vez dijo: “Qué feliz hubiera sido sin esos 61 jonrones”.

dplay@ibw.com.ni