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¿Cómo puede una atrapada salvar un juego que termina 10 por 1? Por favor, olvídense de esas cifras. Si Curtis Granderson no se cuelga de ese batazo en lo profundo del jardín central con las bases llenas de Tigres en el primer inning, quizás el futuro del juego podía haber sido embotellado y el sistema nervioso del habitualmente inseguro A. J. Burnett, destrozado.

No fue una atrapada monumental, como las que realizaba Jim Edmonds, ni con tanto recorrido como la de Willie Mays en 1954 sobre la inmensa parábola de Vic Wertz, pero cortó el aliento de la muchedumbre, paralizó a los tres corredores, y convirtió en tercer out el probable gran batazo del partido. Si esa pelota pasa, se imaginan ver a los Tigres en ventaja 3-0 con Kelly en tercera. Otro rumbo en la madrugada del juego, y podría haber sido, otra historia.

Granderson realizó otra espectacular atrapada apaga fuego en el sexto. Impresionante su vuelo y zambullida,  fuera del alcance de Iker Casillas, robándole un extrabases a Johnny Peralta con Don Kelly circulando. ¡Cuánto daño evitó el brillante jardinero central que salió de Detroit en ruta hacia Nueva York!
Sobre ese aporte defensivo, Burnett, un pitcher que cobrará 16.5 millones por temporada hasta el 2013, elevó su pitcheo sosteniéndose por cinco entradas y dos tercios, permitiendo solo una carrera y cuatro imparables para apuntarse la victoria.

Los Yanquis comenzaron a morder el brazo de Rick Porcello con doble de Jeter impulsador de dos carreras en el tercero, y se extendieron con dos más en el quinto, después que los rugidores, con jonrón de Víctor Martínez, se habían acercado 2-1. En el octavo, después de la segunda atrapada de Granderson, de un levante milagroso de Teixeira completando un doble play, y de la firmeza de un infield que protegió a Burnett, los Yanquis se volcaron como las tropas de Atila entrando a un pueblo desarmado, marcando seis carreras y estableciendo cifras definitivas por 10-1. Una explosión derriba paredes en el Comerica Park. Sin duda, algo revitalizante para los Yanquis con el duelo cumbre pendiente, y las pistolas de Doug Fister e Iván Nova, listas para intentar poner el orden.
Así que la Serie Mundial imaginada entre Yanquis y Filis, sigue en pie.

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