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El corazón de la Gran Manzana amaneció mutilado de impaciencia y de dolor. Sus Yanquis, el equipo cargado de súper estrellas que cuesta más de 200 millones, fue eliminado por los Tigres. Los jonrones consecutivos de Don Kelly y Delmon Young en el primer inning contra el brillante prospecto Iván Nova, abrieron heridas que nunca cerraron, porque Detroit consiguió otra carrera frente a C. C. Sabathia, trabajando raramente como relevista, en vista de las imperiosas necesidades que agobiaron y casi enloquecen a Joe Girardi.

La victoria de los rugidores por 3-2, revestida de angustia, con los Yanquis dejando dos veces las bases llenas y Alex Rodríguez desfondado, fue complicada por el jonrón del incansablemente efectivo Robinson Cano contra Doug Fister recortando la pizarra 3-1, y la anotación de Jeter impulsado por el pasaporte de Max Scherzer a Teixeira en el séptimo. Joaquín Benoit, sudando helado y José Valderde, terminaron de colocar la soga en el cuello de los Yanquis, y apretarla hasta quitarles la respiración.

El equipo de la realeza dobló sus rodillas ante una multitud que fue despojada de su arrogancia y enmudecida desde muy temprano. El resultado, golpea en la mandíbula a los ratings de televisión, sin importar quién sea el ganador del banderín en la Liga Nacional.

Después de poncharse por tercera vez para el último out del juego, Alex Rodríguez, el pelotero de los 30 millones, se sintió convertido en polvo de ladrillo. Para él, reducido a 111 puntos, con solo dos hits intrascendentes en la serie, ha sido un año de gatos negros zigzagueando entre sus piernas y vampiros amenazantes tratando de acorralarlo. Por ahora, su futuro no tiene diagnóstico preciso.

Doble de Austin Jackson, boleto a Cabrera con dos outs, y la estocada de Víctor Martínez, produciendo la tercera carrera frente a Sabathia en el quinto, finalizó la ofensiva de los Tigres, que no necesitaron algo más, con su pitcheo de relevo sujetando a los Yanquis en una carrera, después del vuelacercas de Cano contra Fister.

La muerte del equipo ganador de 95 juegos, máxima atracción del beisbol, oscurece la postemporada.

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