•   Tomado de OLE, Argentina  |
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Gonzalo Higuaín, implacable, marcó tres goles, en tanto el genial Lionel Messi la rompió en su regreso oficial al Monumental. Manejó al equipo, aprovechó los espacios, asistió (gran sociedad con Higuaín) y marcó su golcito. Partido perfecto: Argentina 4, Chile 1.

Y una noche, Messi volvió a hacer delirar al Monumental. La estrella del Barcelona fue el primero en entrar al campo de juego, con la cinta en el brazo y cara seria. Como siempre, se mantuvo en silencio durante el himno, y respetuoso con los rivales que se acercaron a saludarlo. Y cuando comenzó el partido, rápidamente se adueñó del protagonismo.

Sí, tirado más atrás que en el Barcelona, pero con una claridad similar. Se mostró enchufado y muy activo, incisivo en los pases y paciente para explotar los espacios de la defensa chilena. Festejó con Higuaín el primero (se intuye un excelente entendimiento con él) y más tarde el suyo, luego de una hermosa devolución de gentilezas de Pipita. Lo gritó con alegría y desahogo (no marcaba en partidos oficiales desde 2009).

Tras el descanso, mostró una versión aún mejor. Y, ante una defensa jugada, armó un desastre. Supo combinar con éxito con Di María y complementarse siempre con el goleador, a quien le regaló también el cuarto tanto. Ambicioso, buscó ampliar la goleada, discutió con rivales y con el juez Roldán. Con el objetivo cumplido, se abrazó con todos y se despidió ovacionado. Como debe ser.

En otros juegos eliminatorios sudamericanos, Ecuador venció 2-0 a Venezuela, anotando Jaime Ayoví y Cristian Benítez. Uruguay superó 4-2 a Bolivia en su estreno como campeón de la Copa América.