Edgard Tijerino
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“Voy a traer a Bob Feller y Joe DiMaggio”, me dijo Carlos García hace 38 años. Teníamos poco de conocernos porque yo comenzaba en la crónica, tenía 26 años y había renunciado a seguir estudiando ingeniería por falta de ingenio. No le creí. ¿Dos miembros del Salón de la Fama aquí, para inaugurar un torneo de béisbol de pantalones cortos?
“Y vendrá también el comisionado Bowie Künh”, agregó Carlos, golpeando mi incredulidad en la mandíbula. ¡Diablos!, pensé, este tipo bromea con una imaginación que no tiene límites.

Carlos García había derrotado a Gustavo Fernández por la Presidencia de Feniba después de una tormentosa controversia. Cuando tomó las riendas, de inmediato puso en marcha un proyecto de resurgimiento de nuestro béisbol amateur, puesto debajo del colchón por el impulso que adquirió el béisbol profesional.

Así que volvió la fiebre con elemento casero. Herradora era el zurdito del Managua y Vicente necesitaba crecer. Había peloteros ya consistentes como Cirilo, Calixto, Calín, Juárez, Lacayo, Jarquín y otros, pero nuestro béisbol arrancaba de kilómetro cero.

Y llegó el momento. Estadio casi lleno con Bob Feller en la colina y Joe DiMaggio en el cajón de bateo. Yo estuve en el terreno de juego previo a ese primer lanzamiento, junto a esos dos grandiosos peloteros, el pitcher capaz de atravesar paredes imponiendo temor fusilando adversarios, y el bateador que podía acertar una canica viniendo hacia el plato y colocarla entre dos. Y además, Bowie Künh, recientemente fallecido.

No, Carlos no bromeaba, aunque parecía estarlo haciendo. Para él, soñar fue siempre dibujar retos exigentes, una buena manera de darle sabor a la vida.

No vimos un gran béisbol con la participación de 9 equipos en ese primer torneo. Flor de Caña, el gran favorito con Juárez y Lacayo, con Cirilo, Aaron Morales y Jarquín, fue eliminado, y el Chinandega de Argelio le ganó el banderín al San Fernando de Carlos Aranda y de Mama Moncha en Masaya.

Sólo un bateador, Herrington, terminó sobre los .300 mientras Sergio Lacayo ganaba 15 juegos con 7 blanqueos. Ángel Dávila con 0.93 impresionó en efectividad. Pero esas cifras no importaban tanto como haber sacado del fondo del pozo, al béisbol amateur.

La Selección que fue al Mundial de Cartagena y Barranquilla cambiando de cuarto bate juego tras juego, no funcionó. Gaspar Legón de Cuba, casi nos tira un “no hitter”, evitado por el batazo de Noel López. En 1971, ya con Castaño, la historia fue diferente, como en el 72, y en el 73.

Bob Feller y Joe DiMaggio, dos inmortales, apretaron el botón que activó la resurrección de nuestro béisbol amateur en 1970.

¡Gracias, Carlos!