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René Pineda
Especial para El Nuevo Diario
Arlington, Texas.- Un virus se está convirtiendo en el adversario más difícil para el nicaragüense Vicente Padilla en estas primeras semanas con los Rangers de Texas. De no cambiar su condición, su apertura del viernes ante lo Azulejos de Toronto corre peligro.

Su estado de ánimo es excelente, no parece estar enfermo, pero luce delgado. Con rostro de resignación nos dice: “He pasado con una fiebre que no me deja en paz, me duele todo el cuerpo, pero no quiero ser yo el que tome la decisión de abrir el viernes”.

Padilla dice que ha perdido unas cuantas libras desde que comenzó la temporada, que si bien es cierto entró con menos peso que en campañas anteriores por su fuerte preparación, la enfermedad le está causando problemas.

“He pasado con un dolor de cabeza toda la noche, no pude entrenar ayer (lunes) ni hoy (martes), no sé cómo voy a estar mañana, ahora tengo una visita con el doctor para ver qué puede darme para estar listo el viernes”, comenta el pinolero sin dejar de sonreír.

Vicente intentará hacer bullpen este miércoles, pero si se siente incómodo, mejor no arriesga. “No me gustaría ir a la colina con ese riesgo de lanzar enfermo. Con los Marineros me sentía un poco mareado, pero con los Ángeles me sentí mejor, mi brazo está perfecto, pero el resto de mi cuerpo no está al 100 por ciento”.

Físicamente, Padilla se ve en excelente forma, muestra con orgullo cómo le queda de floja la camiseta para comprobar que ha estado trabajando duro. “A mí no me gusta hacer cálculos con los juegos que voy a ganar, pero me siento en mi mejor momento”.

El manager Ron Washington está monitoreando la salud del nica, mientras que Mark Connors luce un poco más optimista, creyendo que el viernes estará todo bien. “Si el equipo sigue bateando de esta manera, vamos a ganar muchos juegos”.

Espectacular jornada
El primer juego de los Rangers en Arlington fue una vez más un espectáculo aparte. En menos de media hora, más de 200 personas de la comunidad desplazaron una gigantesca bandera de los Estados Unidos, cantó el himno de Neal McCoy, un popular artista de música country, pasaron tres B-1 supersónicos por el cielo, hizo el lanzamiento de la primera bola el narrador Eric Nadel, presentaron a ex jugadores de Texas y a su nuevo presidente Nolan Ryan. Después de tanta logística y coordinación, una hermosa águila surcó el aire y se detuvo en las manos de su entrenador. Cuando el juego arrancó, sólo lo hizo con un minuto de atraso.

El público en las afueras, con casi cuatro horas de anticipación, asaba hamburguesas y carne, mientras se abrían las puertas del Estadio. Un poco más de 50 mil personas volvieron a vivir su sueño de ver a los Vigilantes por primera vez en una Serie Mundial.