Edgard Tijerino
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¿Cuántos megavatios consumieron ayer en Anfield el Liverpool y el Arsenal en una batalla de agobiante intensidad? Los dos equipos ingleses iluminaron la cancha con un fútbol veloz, impetuoso, corajudo, derrochando energía y colocando toda su voluntad, rigor y decisión al servicio del espectáculo.

Ganó el Liverpool 4-2, desvaneciendo la angustia del 2-2 provocado por el asombroso contragolpe de Theo Walcott, culminado por el remate de Emanuele Adebayor cuando sólo quedaban siete minutos. El Liverpool no solamente se negó a entrar en la sala de cuidados intensivos, sino que apretando el acelerador, colocando un extra de oxígeno en los pulmones de sus hombres y sacando del fondo del baúl lo que les quedaba de destreza, ejerció una presión que logró derretir las reservas del Arsenal. Mientras, Steven Gerrard cobrando un penal, y Ryan Babel con una escapada a base de rapidez, corazón, riñones y control, asestaba la estocada del cuarto gol en el minuto 92. Los del Arsenal quedaron estupefactos, con cara de esfinge.

Fue un partido estupendo, aún con sus bajones de voltaje y momentos en que se necesitó parar para recargar baterías. En el agitado y bien jugado primer tiempo, las acciones se convertían en corrientes magnéticas con múltiples enlaces invisibles. Los espacios se ensanchaban, los huecos se fabricaban, la pelota circulaba vertiginosamente y Anfield parecía el paraíso del fútbol.

El gol de Abou Diaby al minuto 13, que colocó al Arsenal en ventaja, fue un trabajo de relojería por su precisión. Primero, una maniobra entre tres por la izquierda que Cesc intentó definir, y de inmediato, otra secuencia con Flamini y Cesc funcionando para la entrada fulminante de Diaby, y su poderoso derechazo sacando astillas de la rodilla izquierda de Pepe Reina, antes de ir al fondo de la red.

A los 29 minutos viene el empate 1-1. El Liverpool logra volcarse y apretar a la defensa del Arsenal, provocando un tiro de esquina. ¡Qué buen movimiento de Sami Hypia para quitarse de encima a Senderos, desplazarse un poco hacia su derecha y clavar el largo cabezazo en la esquina superior izquierda de la cabaña defendida por Almunia!
La aparición de Fernando Torres en el minuto 69, realizando una maniobra de geometría difícil pero rápida y certera, rematando con pierna derecha, facilitó ventaja de 2-1 al valiente, esforzado e incansable Liverpool.

A los 83, Theo Walcott, quien ingresó en el minuto 70, realizó una fuga espectacular con pelota recibida en la frontera de su propia área. Su sprint fue como el de Maurice Green, pero serpenteando entre adversarios hasta llegar al fondo, y centrando sobre la carrera para el remate de Adebayor casi a quemarropa, estableciendo el 2-2 que clasificaba al Arsenal y mataba al Liverpool.

No todo estaba escrito. A los 85 minutos, Toure fauleó a Ryan Babel en el área, y Steven Gerrard ofreció una lección sobre cómo ejecutar un penal. El 3-2 era mortal para el Arsenal, pero faltaba algo más, el tiro de gracia. Babel tomó una pelota de Kuyt y se fue con Cesc Fábregas detrás; entró al área, Cesc se desequilibró, y Babel se quedó con el espacio y la pelota, perforando a Almunia.

Un gran partido, y un justo triunfo del equipo con el corazón más grande.

dplay@ibw.com.ni