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Bloqueo completo a lo inesperado, cumpliéndose lo sospechado: el Manchester, con un gol de cabeza del súper-agitado y archi-peligroso Carlos Tévez, liquidó al Roma, que falló un penal, mientras el Barcelona, sin alcanzar la brillantez deseada, sacó provecho de un acierto de Touré Yayá, para sepultar al Schalke.

El doble 1-0 selló la semifinal entre el Manchester y el Barcelona, con una pareja de ingleses, Chelsea y Liverpool, peleando por el otro boleto que garantiza estar en la final de la Champions 2008 que se realizará en Moscú.

El Roma no podía contar con Totti, su “as de espadas”, lesionado, pero sorprendentemente, el Manchester, en un alarde de confianza de su técnico Alex Ferguson, dejó en el banco al actual mejor jugador del planeta, Cristiano Ronaldo, y tomó el riesgo de sentar también a ese goleador siempre encendido que es Wayne Rooney y al útil Paul Scholes.

¿Alguien se percató de que ellos no jugaron? El Manchester, que siempre coloca sobre el tapete su voracidad ofensiva, fabricó constantes oleajes en el primer tiempo con Tévez siempre amenazante, juntándose con Anderson y Park, en tanto Owen Hargreaves, volátil, desconcertante e inspirado, se convertía en la figura de la cancha con sus proyecciones, acompañamientos y llegadas, con Ryan Giggs haciéndose sentir.

El momento clave del juego fue el penal malogrado por Danielle de Rossi a los 29 minutos, cuando quedaba mucha caña que moler, y tomar ventaja quebrando el 0-0, tenía un gran significado para las pretensiones del Roma. De Rossi le pegó mal a la pelota enviándola por encima del horizontal, muy arriba. Seguramente sintió que se lo tragaba la tierra junto con el técnico Luciano Spalleti.

Fue necesario esperar hasta el minuto 70 para que el Manchester hiciera caer la cuchilla sobre el cuello de los italianos. Tévez tomó una pelota, arrancó y la entregó al incontrolable y astuto Hargreaves por la derecha, mientras él se desplazaba hacia el centro. Hargreaves fue hacia la raya y envió el pase bombeado para el vuelo, golpe de cabeza y aterrizaje del argentino, estableciendo el 1-0.

En el Nou Camp, el Barcelona se encontró con un Schalke armado del atrevimiento que se necesita para provocar una proeza. Sudó, recorrió kilómetros extras y hasta sufrió el Barcelona, tratando de girar alrededor del accionar de Bojan, Eto’o y Henry, mientras el Schalke peleaba cada centímetro de terreno y cada pelota.

Un juego diferente al visto en Old Trafford porque no se consiguió la velocidad, entendimiento y profundidad de Manchester-Roma, pero interesante por el suspenso que desvaneció Touré a los 43 minutos en una rápida contra-ofensiva, abriendo juego para Bojan por la derecha. El centro fue interceptado por Bordon elevándose peligrosamente el balón en las puertas de la cabaña germana, cabeceó Krstjic hacia atrás y ahí estaba Touré, atento, apretando el gatillo para decidir el duelo.

Una baja para el Barcelona es Carlos Puyol, eliminado del primer juego de la semifinal por una segunda tarjeta amarilla.