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El mal rato que pasó el Barcelona ante el Schalke 04 sólo se compensa porque en semifinales de la Liga de Campeones aguarda el Manchester United. Derrengado como está el equipo, desquiciado como anda el club y depresiva como se muestra la afición, el fin justificaba los medios en el Camp Nou. Pocas veces una eliminatoria había marcado tan nítidamente la frontera entre lo aborrecible y lo excitante, como si todo lo malo pudiera desaparecer con la victoria ante los alemanes y lo bueno estuviera por venir con el enfrentamiento con los ingleses.

El resultadismo se impone en el Barcelona, invicto en un torneo en el que sólo se ha cruzado con rivales menores. La hinchada aguarda a Messi, quien es urgente a gritos, y se encomienda a Bojan para combatir la caducidad que representa Henry. El francés expresa la falta de autoestima, confianza y seguridad que paraliza al equipo mientras Bojan refleja la vitalidad, la esperanza y el optimismo. La supervivencia es cosa de Touré, que juega infiltrado cada jornada porque se le tiene por imprescindible para resolver el choque más intrascendente. En una noche de tanto martirio y tortura, el gol, obviamente, sólo podía ser marcado por Touré.

Más que por la calidad del Schalke, el barcelonismo se preguntaba por la capacidad del Barça para complicarse la vida en un partido aparentemente sencillo por el factor campo y el resultado de la ida. No hay ningún estadio donde se perciba mejor el miedo a perder que en el Camp Nou, y ayer había quien temía que su equipo se marcara un gol en propia puerta después de que Laporta metiera la pata ante las peñas y al club le diera un ataque de pánico y de rabia. Así las cosas, el encuentro empezó con un silencio sepulcral y un paso atrás de los azulgrana, que no se liberaron hasta el descanso con un gol del esforzado Touré.

Tan retrasado salió el Barcelona, como si no encontrara el sitio en su propia casa, que el Schalke remató cuatro veces en los cinco primeros minutos. El partido se jugó en campo local después de que Bojan y Xavi marraran dos remates francos. El Schalke defendía mal y atacaba bien, circunstancia que comprometía al Barça, incapaz de controlar la contienda, de tener la pelota, de acabar con el canguelo. La luz se ha apagado de golpe en el Barça y la plantilla se ha desenchufado desde el portero al delantero centro.

Así que es urgente que Lionel Messi regrese a la acción para poder tener un Barcelona más agresivo y decisivo. El Manchester tiene mucho material.