Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

El más fino y cerebral bateador latino de todos los tiempos, el panameño Rod Carew, quien pudo ser pianista, pintor o arquitecto, pero prefirió concentrar su esfuerzo y talento en hacer prodigios con el madero, aterriza hoy en el terruño, no en busca de atormentar el pitcheo enemigo como lo hacía tan eficazmente cuando desplegaba sus ofensivas resplandecientes, sino para ofrecer enseñanzas a los jóvenes bateadores pinoleros, ansiosos de abrirse paso hacia el futuro.

El siete veces campeón de bateo de la Liga Americana, miembro del Club de los 3,000 hits y perteneciente desde 1991 al Salón de la Fama en Cooperstown, viene por vez primera a este país que incluye el béisbol en la canasta básica, como un factor que alimenta esperanzas.

Carew, que registró un porcentaje de .388 en la temporada de 1977 atrapando la atención en el planeta béisbol, dueño de la marca de hits para un latino en una campaña con 239, pero sin haber podido atravesar por la emoción de una Serie Mundial, es apenas el cuarto pelotero que estando en el Salón de la Fama, nos visita.

Joe Dimaggio y Bob Feller vinieron juntos en 1970 a inaugurar la Liga de la Feniba; Denis Martínez trajo a Ozzie Smith y ahora llega Carew. Orlando Cepeda, Roberto Clemente, Monte Irvin y Willie Mays, estuvieron aquí pero no eran miembros del Salón de la Fama.