Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni

Si Oscar De La Hoya derrota esta noche a Steve Forbes como todo el planeta boxeo espera, no sonarán los tambores; si sorprendentemente es vencido, no escucharemos el doblar de las campanas.

Después de haber sido desarmado y mostrarse envejecido frente al poder de Bernard Hopkins y la destreza de Floy Mayweather, es obvio que De La Hoya ha perdido significado. Ya no se mueve en el sector de lo grandioso, aunque continúe vendiendo boletos, ahora a precio de ganga.

¿Qué tanto interesa la pelea De La Hoya-Forbes? Una correcta promoción diría: vayan y vean cuánto queda de aquel Oscar De La Hoya que durante tanto tiempo fue el ombligo del espectáculo.

Uno piensa que Forbes responde a un cuidadoso indeti-kit como adecuado adversario para el lucimiento de Oscar, intentando éste --aunque será una tarea inútil-- convencernos de que puede fabricarle complicaciones a Mayweather.

Como tantos peleadores, incluidos Louis y Alí, De La Hoya se resiste al retiro, pese a navegar en la abundancia económica. Acostumbrado desde muy chavalo a vivir entre reflectores, debe sentirse como abandonado, en una isla cuando no llama la atención.

Eso fue lo más grande de Marciano. Invicto en 49 peleas, se retiró en plenitud como Campeón de todos los pesos. Cierto, a diferencia de Oscar, Marciano había recibido mucho castigo, pero el desgaste del “Chico dorado” salta fácilmente a la vista, como ocurrió con Chávez, con Trinidad, y recientemente con Hopkins.

Nadie escapa a eso, pero De La Hoya, con grandes progresos en el manejo de sus finanzas, ha hecho cuentas y vale la pena “vender” esta pelea con Forbes, aún considerándola mercadería fallada, para ir en busca de otro gran botín contra Mayweather, quien pese a disponer de los recursos suficientes para ganarle todos los asaltos, no es un pegador destructivo.

Desde hace un buen rato, De La Hoya, igual que Trinidad, sabe lo que le espera en cada pelea. Nunca tuvo chance frente a Hopkins y Mayweather, pero realizó un rayado de cuadro que le permitió en ambos casos cobijarse de billetes.

¡Qué importaba quedarse gimiendo en la lona o lucir tan desorientado como un náufrago! ¿Acaso con un nombre tan luminoso no vas a aprovechar las posibilidades de seguir haciendo crecer tus cuentas bancarias?
Pese a estar mejor orientado y ser más práctico que Tyson, Alí o Durán, peleadores que se administraron desastrosamente, Oscar sabe que nunca tienes tanto dinero que no pueda acabarse. Es por eso que da la impresión de ser voraz como negociante.

De La Hoya-Forbes esta noche, es una pelea sin mayor expectación por el resultado, pero con algún interés por ver cómo funciona quién pretende impresionarnos, antes de volver a ser reducido a la inutilidad por Mayweather.