Edgard Tijerino
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En un momento de extremada agitación en casi todos los rincones del planeta, cuando el deporte como factor de recreación, competición y comercialización ha alcanzado dimensiones insospechadas, en nuestro país, triste, lamentable y dramáticamente, sigue siendo subestimado y casi ignorado.

No es posible que el pasado, aún sin alcanzar elevaciones espectaculares, excepto en algunos casos que atesoramos, se convierta en un punto de referencia al que quisiéramos regresar en el firmamento del deporte. Cuando esto ocurre es porque nuestra propia incapacidad nos ha impedido cabalgar por el sendero del desarrollo. Nos hemos habituado a la mediocridad, sintiéndonos estimulados sólo por las excepciones.

Cierto, somos parte de Centroamérica, una región muy próxima a la cola del mundo en deportes, pero además de conseguir notoriedad en nuestros deportes fundamentales en nivel de rendimiento, como lo son el béisbol y el boxeo, hemos conseguido provocar destellos casuales en otras disciplinas. El resto del área tiene en el fútbol su joya más preciada, y lo demuestra con su evolución y presencia beligerante en diferentes torneos internacionales, incluyendo Copas del Mundo y Juegos Olímpicos.

Ver a Costa Rica frente a Brasil en un Mundial es como si alguna vez estuviéramos tratando de fajarnos con los Medias Rojas o lo Yanquis en un diamante, lo cual nunca va a ocurrir.


¿Cómo se hacía deporte?
En los años 60 y 70 no fue necesario un instituto o ministerio de deportes para que la actividad, el desarrollo y cierta calidad nos llenaran de satisfacciones y en alguna forma, nos hincharan de orgullo.

Fue en esa época cuando Walberto López era el mejor “pistolero” en el ping pong centroamericano; cuando vimos brillar a ese precoz billarista, Arturo Bone, codeándose con los mejores del continente... El gran momento de Eduardo “Ratón” Mojica, y más delante, de Alexis Argüello; la tan promocionada victoria sobre Estudiantes de la Plata en fútbol y el crecimiento de los arqueros Róger Mayorga y Salvador Dubois en el área.

Una selección femenina pinolera de baloncesto ganó el título del circuito; nuestros lanzadores de bala, disco, jabalina y martillo dominaron todas las pruebas; se consiguió una medalla de plata del pequeño atletismo nica en un torneo C.A. y del Caribe; se hizo el montaje de dos campeonatos mundiales de béisbol consecutivos; la impresionante remodelación del Estadio Nacional y la construcción de otros parques con las condiciones requeridas.

También se dio el impulso del ajedrez, jefeado por el talentoso Edmundo Dávila, quien llegó a ser Campeón de México; el resurgimiento del baloncesto masculino al ritmo de Clifford Scott y Sammy Lambert; y emergieron los primeros big leaguers y los primeros campeones mundiales de boxeo.

Era la época en que las federaciones estaban en manos de activistas con conexiones y respaldo, y cuando la floreciente iniciativa privada contribuía decididamente al empuje de nuestros deportes. Hoy se juega más en las oficinas, sentados en los escritorios.


El mejor momento
En los años 80, con un sistema de dirección centralizada por el gobierno, el deporte pinolero, lejos de ser comercializado, fue utilizado como un factor clave en lo recreativo y lo político. Amparándonos en las entonces vastas y provechosas conexiones con los países del sector socialista, se logró saltar a niveles de competencia regionales sin precedentes.

Atletas nicas fueron adiestrados en la URSS, Cuba, Bulgaria, Corea, Alemania y otros países, mientras las medallas se multiplicaban en el concierto centroamericano. Extrañamente, en medio de esa agitación, el béisbol sólo pudo mostrar con orgullo la casual medalla de plata obtenida en los Panamericanos de Caracas, pero en el aspecto recreación del pueblo, su importancia fue mayúscula.

Después de los juegos C.A. en 1986, realizados en Guatemala, se lanzó una seria advertencia en el circuito: cuidado con el avance de Nicaragua. Su crecimiento es muy llamativo.

A falta de facilidades, el béisbol fue influyente para amortiguar las dificultades, y el gobierno nunca escatimó esfuerzos para asegurar su actividad. La llegada de los técnicos extranjeros en baloncesto, atletismo, ping pong, pesas, esgrima, boxeo y otras disciplinas, proporcionaron un buen nivel.


Dificultades crecen
Ahora, en cambio, en medio de los escombros de nuestra economía, mortifica la alarmante falta de interés del gobierno. El Injude, pese a contar con alguien tan capacitado como Marlon Torres, quien creció y se desarrolló como dirigente en ese organismo mientras lo veía cambiar de directores, se tiene la impresión de no haber podido conseguir un apoyo decisivo. Creo que con lo de la Ley del Deporte, el Injude ha visto reducirse su radio de acción.

La federación de mayor estatura en lo funcional y en fondos es la de fútbol, aprovechando los múltiples contactos de Julio Rocha en la FIFA, que lo han llevado a escalar posiciones en ese difícil engranaje. Pero el fútbol tiene un serio inconveniente: es el único deporte que tiene alto nivel competitivo en Centroamérica, y nunca, repito, nunca, podremos alcanzar a los otros países que invierten muchísimo más, tienen involucrados a sus gobiernos en este deporte, y producen material humano para exportarlo incluso a Europa.

Distinto es en los otros deportes, en los cuales Centroamérica como región no tiene ningún significado, y esto incluye nuestras dos disciplinas más fuertes, béisbol y boxeo.


Hace falta un equipo
¿Han tratado ustedes de armar un line up con gente del gobierno interesada en el deporte?... Resultaría inútil buscar a nueve entre ellos. El que más se ve es Bayardo Arce, convertido en gran soporte del Bóer y de la Liga Profesional. En los 80, Humberto Ortega, Emmett Lang, William Ramírez, Enrique Schmidt, Walter Ferreti, Ramón Cabrales y tantos otros, movían los resortes del interés gubernamental. Hoy, algunos han fallecido, lamentablemente, y otros se encuentran involucrados en tareas que no tienen que ver con el deporte.

Hace falta un equipo con poder de decisión, con gente beligerante para hacerse sentir en las altas esferas, para poder pelear por mejorar, y plantear exigencias sin temor. Para demostrar que la mejor forma de hacer política es haciendo verdaderamente deporte.

Esto incluye hacer una revisión de las federaciones para proponerles a las inutilizadas realizar cambios sin saltar sobre los estatutos. No pueden perennizarse en sus puestos, aunque no sean remunerados, quienes no hacen nada, distorsionan o estorban. Esa debe ser una de las primeras exigencias.

¡Qué útil sería que, aun buscando beneficio político, aparecieran personajes ofreciendo su mejor esfuerzo para apoyar nuestros deportes! No importa que algún funcionario del gobierno, en busca de proyecciones políticas, apadrinara decididamente cualquier deporte, inyectándole el impulso y el respaldo que a gritos ha estado pidiendo desde hace un buen rato.

Pero esa esperanza ha desaparecido. No hay forma de hacer vibrar los resortes del interés de los funcionarios gubernamentales. Podría ser, porque la mayoría de ellos no tiene antecedentes de vinculación con las esferas deportivas.


Hay “algo más”

Claro, no vamos a tratar de ocultar la falta de organización y las luchas internas inexplicables, salpicadas de intrigas, refugios de intereses personales, en que se enfrascan muchos directivos, pero el nudo del problema es la falta de interés gubernamental.

La iniciativa privada, con algunas excepciones, atraviesa un momento económico muy difícil, y eso constituye un factor adverso de significativo peso. Sin embargo, varias iniciativas han podido concretarse porque compañías como Enitel, que es la más visible en este tipo de gestión, han respondido a las necesidades en diferentes momentos.

Algo medular es lograr el resurgimiento del deporte escolar, otrora cantera inagotable. Se dice que el mundo ha cambiado y que la juventud actual tiene un orden de prioridades diferente al nuestro cuando éramos estudiantes. Vivimos en un país en que la chavalada está más pendiente del fútbol internacional por t.v. que de los deportes caseros. En este aspecto, el Ministerio de Educación tiene un gigantesco reto. Obviamente, no es fácil y requiere tiempo.

Sin motivación, sin organización, sin confianza y sin la menor preocupación gubernamental, uno se pregunta tonta e inútilmente: ¿interesa aquí el deporte? Todavía recuerdo lo que me dijo Daniel en el Inter de Metrocentro, antes de las elecciones: “Volveremos a impulsar el deporte con la fortaleza requerida”.

¿Se le habrá olvidado?

dplay@ibw.com.ni