Jorge Eduardo Arellano
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Barcelona

Es curioso. El pasado verano todo hacía indicar que o bien Ronaldinho o bien Eto’o saltarían del barco azulgrana. La teoría de que en el vestuario culé no había espacio para los dos --alimentada por el propio Samuel-- había calado tanto que ya nadie esperaba un ‘borrón y cuenta nueva’. Pero Laporta no quiso correr riesgos impopulares y, en lugar de abrirle la puerta a uno de los dos, apostó por la continuidad de ambos, haciendo caso omiso a las astronómicas ofertas que llegaban de media Europa.

Hoy, sin embargo, el panorama es bien distinto. El presidente ya se ha pillado los dedos con Ronaldinho, cuya salida es inminente por motivos de sobra conocidos pero que, a falta de un ataque de generosidad de algún club europeo, apenas dejará en las arcas del club un tercio de lo que llegó a valer hace un año.

Y por el otro está Samuel Eto’o, el eterno incomprendido. Sus últimas declaraciones, tan diáfanas como de costumbre, no han sentado nada bien a la directiva ni a la afición azulgrana: “Si el año que viene no gano títulos, me tendré que ir”. ¿Falta de compromiso? Nadie ha dudado jamás de ello. El esfuerzo y sudor derramado en cada partido ha sido reconocido justamente. No así su inefable conducta, plagada de verborrea inoportuna y arrebatos infantiles, con la que ha evitado que la afición conectase con él de la misma forma que sí lo ha hecho con Messi e hizo con Ronaldinho. Supeditar su continuidad a los títulos --los mismos que él también perdió el año pasado-- se ha interpretado en el club catalán como una falta de respeto --la enésima-- a sus compañeros, a la misma entidad que le paga un sueldo cada mes y a los aficionados, hartos como están de escuchar hasta en la sopa la palabra ‘unidad’ y comprobar luego como algunos jugadores no la aplican ni en su vida privada.

Por todo ello, y porque Laporta podría estar ante la última oportunidad de cerrar una operación económica de peso, el Barça estudiará ofertas por el camerunés en verano. La idea no es nueva ni nace a raíz de las últimas declaraciones de Eto’o. Empezar un nuevo ciclo sin ningún tipo de eminiscencia del pasado resulta muy tentador. Y más si en el club ya hay consenso sobre cuáles deben ser las piezas que harán girar al Barça 2008-09: Iniesta, Messi y Bojan. ¿Dónde queda Eto’o en el nuevo proyecto? Laporta tiene dudas, muchas dudas...


¿La sombra de
lo que fue?
Más allá del botín que el Barcelona se agenciaría vendiendo a Eto’o, la directiva azulgrana es consciente de otra cosa: que, al contrario de lo que pensaron que podría suceder ‘largando’ a Ronaldinho, el adiós del camerunés no sería nada traumático para la afición. Primero porque la
irrupción de Bojan ha desatado un enamoramiento masivo hacia el chaval de Linyola y después porque Samuel ha sido, es, y será siempre visto por la parroquia azulgrana como un solvente goleador, el miedo que azotó las piernas de Almunia en París, la chinche de la ‘Casa Blanca’, pero jamás como el estandarte del club o el genio creativo que sí encarna Messi.