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Con un impulso audaz, provocado por la desesperación, colocando las agallas encima de la clase, el Real Madrid contragolpeó espectacularmente con dos goles en los últimos cuatro minutos de un juego que perdía 1-0 frente a Osasuna en Pamplona, y triunfando 2-1 aseguró el banderín de la Liga Española.

Con un hombre menos desde el primer minuto del segundo tiempo por la expulsión de Cannavaro, el Madrid logró fajarse bravamente fabricando posibilidades, derrochando energías, jugando con el pecho descubierto, hasta que en el minuto 83, un manotazo de Gabriel Heinze provocó el penal que convirtió Francisco Puñal, desequilibrando a Casillas.

En ese momento, todo el esfuerzo volcado por ese Madrid frente a los factores adversos pareció saltar hecho añicos y dejarlo en estado groggy. El 1-0 se veía demasiado grande con sólo siete minutos pendientes, pero a los 87, la cabeza de Robben sobre un centro de Higuaín, inutilizando a Ricardo, estableció el empate 1-1, recargando las baterías de un Madrid altamente estimulado, permitiéndole desplegar toda su agresividad hasta producirse la entrega de Sergio Ramos, que aprovechó Higuaín por la derecha con un taponazo impresionante que arrasó con todo, incluyendo la valentía y el atrevimiento del Osasuna, batallando por salir del hoyo de las dificultades en la tabla de posiciones.

Previamente, una pincelada de Schneider, muy bien bombeada por encima de portero adelantado y defensas, rebotó en el travesaño frustrando una de las grandes opciones de gol del Madrid en el transcurso de la intensa batalla.

Para ganar el título bajo la lluvia, con la multitud en contra, un hombre menos durante 44 minutos y un penal, el Madrid tuvo que mostrar su carácter, capacidad de reinventarse y una voluntad impresionante, para voltear espectacularmente la pizarra.

Ahora sólo queda darle brillo al titulo el miércoles contra el Barcelona, en el último clásico.