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Esa brillantez mostrada por el Milan a lo largo de 76 minutos, antes de sentir resquebrajado su sistema nervioso por el gol de tiro libre logrado por el argentino Julio Cruz, le permitió finalmente, atravesando por el campo minado de un cierre de juego angustioso, imponerse 2-1 con goles de Inzaghi y Kaká, para apoderarse del ansiado cuarto puesto en el fútbol italiano, que garantiza un boleto en la próxima Champions.

¿Cómo fue posible que el primer tiempo terminara 0-0, con el Milan controlando todos los hilos del partido, generando constante peligro, ejerciendo una presión a ratos agobiante y metiendo a la defensa del Inter en una licuadora?
Tres grandes opciones de Inzaghi, una de Kaká y otra de Seedorf terminaron en el pozo de las frustraciones, mientras la defensa del Inter buscaba lámparas para poder salir de ese túnel tenebroso, en el cual sólo el arquero Julio César consiguió funcionar eficazmente evitando el desequilibrio en la pizarra.

Ese fútbol próximo a la excelencia que llevó al Milan a la conquista de la Cham-
pions en 2007 fue exhibido sobre el tapete como una pintura de Rafael, el renacentista italiano. ¡Qué control de pelota asegurando rápidos desplazamientos y proyecciones logró el Milan en el medio campo, dando la impresión de estar súper-poblado!
Seedorf y Kaká, que habitualmente utilizan un imán oculto en sus botines, se movieron con agilidad y precisión logrando combinaciones, buscando la penetración de Inzaghi, pero una y otra vez el Milán no podía definir y la desesperación aguijoneaba a sus seguidores. El accionar de Gatusso, la presencia de Ambrossini y la vitalidad de Pirlo, se hacían sentir sobre un desorientado y replegado Inter.

En el inicio del segundo tiempo, el Milan hizo crecer la presión, y al minuto 50 un desborde de Kaká por la derecha lo llevó hasta el fondo para enviar ese centro rápido y certero a la cabeza de Inzaghi, que con una torsión de cuello en las narices de Julio César abrió el marcador.

Y a los 54, un error de Vieira por la izquierda facilita la recuperación de Ambrossini, la entrega oportuna a Kaká, y la penetración de éste para disparar de cajón, rasante, sobre la salida de Julio César y establecer el 2-0.

Obligado a tomar riesgos en busca de salir del hoyo, el Inter tuvo que atreverse a presionar, volcándose sin complejos ni inhibiciones. El Milan mostró su oficio en el marcaje y la cobertura de espacios, manteniendo abierta la posibilidad a los contragolpes, pese a la pérdida de velocidad tanto de Kaká como de Seedorf.

Un faul de Ambrossini sobre Chivu a los 76, fue cobrado magistralmente por el argentino Julio Cruz sobre la barrera, describiendo una curva caprichosa que se metió junto al poste derecho paralizando al arquero australiano Kalac.

El 2-1 convirtió el juego en una olla de presión con el Inter muy apurado, aprovechando el ingreso del hondureño David Suazo y Mario Balotelli para conseguir mayor movilidad y mejor penetración, forzando al Milan a utilizar todas sus reservas físicas jugando a corazón abierta en busca de garantizar el triunfo.

Una falla de Alexander Pato facilitó al Inter ese contragolpe sujetado por una entrada brusca, y el tiro libre cobrado por Cristian Chivu en el último minuto del alarque, con todos los alientos congelados, pasó por encima del travesaño.

Ahora el Inter vio estrecharse su diferencia respecto al sub-líder Roma, vencedor del Sampdoria 3-0 a sólo tres puntos con dos fechas pendientes (81-78), en tanto el Milan se instaló en cuarto puesto con un punto de ventaja (61-60), aprovechando el traspiés del Fiorentina ante el Cagliari 1-2.


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