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Ferreti sigue ganando sin salir de la confusión en la que vive. Lleva tiempo intentando buscar un camino que no encuentra. A pesar de que lleva más goles, las victorias no alivian la decepción de la afición, acostumbrada a la contundencia de otras épocas y otros jugadores.

La grandeza te la roba cualquiera. Jamás estuvo el balón tantas veces rondando el área del Ferreti como lo estuvo el domingo ante San Marcos y nunca un portero participó tan seguido y tan bien como Denis Espinoza. Ni con “Pinocho” Rodríguez ni con Omar Zambrana esos males han tenido remedio. Ahora se celebran los triunfos porque sirven para consolidarse, pero no la forma de conseguirlos. Los modales siempre preocuparon al aficionado ferretista. Pero jugar bien sin jugadores que entiendan la esencia del fútbol es imposible. Basta que una pieza no esté bien engrasada para que todo se resienta.

No hace tanto que en el club la derrota y el temor no se consideraban ante equipos de medio rango. Por supuesto, siempre podía sobrevenir una sorpresa, pero era la excepción. Entonces se debatía sobre el número de goles que se conseguirían. La victoria estaba fuera de toda duda. No como el domingo pasado, que acabaron mirando al árbitro y al reloj.

Ferreti sale al campo del IND con las dudas que le genera la propia inseguridad de su juego. Esta situación pesa más que los puntos de ventaja que tiene ante su perseguidor. Omar ha sido mucho más ambicioso que Rodríguez, pero ninguno de los dos ha logrado que exista una buena relación entre ataque, creación y defensa.

Con Zambrana, el equipo alterna momentos de lucidez, por la calidad de sus activos, con buen desequilibrio. Pero pierde la compostura a menudo y algunos de sus jugadores suelen olvidar con facilidad las obligaciones más sencillas.

En el último partido en casa se olvidaron de lo que les hizo fuerte y regalaron atenciones poco habituales. Pero se corrigió a tiempo. Además, la ausencia goleadora de Emilio Palacios seguro que rebajó el peligro ofensivo del equipo, al que posiblemente sólo le quede Espinoza en un lado y el combustible de César Salandia en el otro. Justo donde se deciden los partidos.