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Barcelona

Desgastada la relación desde hace meses, tanto al Barça como a Deco se les ha acabado la paciencia. Mientras que desde la dirección deportiva se le buscaba una salida en silencio --aún no se había reconocido que estaba en venta--, el jugador aclaró ayer sus intenciones, que no son otras que las de abandonar el Barcelona. Así se lo ha recetado el área técnica azulgrana. Deshilachado el equipo, al punto de que suma dos temporadas consecutivas sin títulos, el volante prepara las maletas. “Me iré donde quiera”, advirtió Deco, el ojito derecho del Camp Nou durante mucho tiempo.

“Me iré donde me quieran, a Inglaterra o Italia. En España, no”, revela el futbolista.

Era el latido del equipo, el equilibrio, el barómetro; como le definió Frank Rijkaard, el jugador que acortaba el campo, provocaba el robo del balón y las transiciones cortas, y acababa las jugadas.

Un gesto en 2005, en los cuartos de final de la Champions, le definió. Fue en un momento crítico en Stamford Bridge, cuando el Chelsea acababa de meter el tercer tanto en 20 minutos. Enfurecido, cogió el balón y lo tiró con fuerza al suelo. Al tiempo que le rebasaba su altura, el resto de compañeros le miraron y atendieron; debían escucharle porque Deco podía explicarles qué pasaba. Perdido el partido y la eliminatoria, el portugués amenazó a sus conocidos del Chelsea: “¡Volveremos!”. Y volvieron, ganaron al Chelsea en casa y levantaron la Copa de Europa en París en 2006.

Pero en su último partido como azulgrana, el pasado fin de semana ante el Mallorca (2-3), Deco fue abroncado por la afición azulgrana --“Me da igual”, reconoció con tono cansino--, que le acusó de absentismo laboral durante el curso, y de borrarse del partido en Madrid para no hacer el pasillo. “Nunca me he retirado de un partido. Tengo la conciencia tranquila. Pero se escriben cosas y parece que se tratara de algo personal”, resolvió el futbolista, quien tienen un contrato con el Barça hasta 2010. “No me voy del club con rencor. No se debe hacer un drama porque todos pasamos y queda el Barça”.

Desde la dirección deportiva ya le habían comunicado que el club prefería venderlo. “La directiva me ha dado permiso para hablar con otros equipos”, desveló. Jorge Mendes, su representante, y con quien el Barça mantiene buenas relaciones, ya está en funcionamiento. “Pero no sé a qué equipo me voy. Iré a Inglaterra o a Italia. En España, no, porque el único club que hay del nivel del Barça es el Madrid, y allí nunca iría”, aseguró, a la vez que admitió que la relación con el presidente, Joan Laporta, siempre fue de respeto.

La época azulgrana de Deco empezó hace cuatro años cuando se celebró la Eurocopa de Portugal. Con un acuerdo por cinco temporadas, el Barça pagó 12 millones al Oporto, otros tres por incentivos al ganar la Liga y la Champions, y seis más en los que se tasó el traspaso de Quaresma al club portugués. “Es un futbolista increíble”, le elogió Rijkaard. “Todo un campeón”, abundó Txiki Begiristain, director deportivo. “Prefiero tener a Ronaldinho a mi lado que en el equipo rival”, reveló Deco el día de su presentación. Precisamente, su relación con el brasileño ha sido uno de los detonantes que le ha distanciado de la afición, que les ha tildado de irresponsables en el trabajo. “La presión que sufrimos Ronaldinho y yo es tremenda”, explicó Deco el curso anterior. “Cuando las cosas van bien somos los primeros en ser elogiados, pero cuando van mal, también somos los objetivos preferidos”. Ayer se despidió de Ronnie: “Espero que la gente lo respete y se acuerde de él, porque es uno de los mejores jugadores que han pasado por el Barça”.

Hace un año, Deco también declaró sentirse perseguido por la prensa. “Mucha gente me ha echado del club desde principio del año. Pero no veo mejor sitio que éste para seguir ganando títulos”, dijo. Todo ha cambiado. “Si no se ganan títulos, me iré”, reveló este año. No se ha levantado ningún trofeo, y Deco, quien defiende sus opciones de triunfar en cualquier equipo, se va. El escudero de los fantásticos es la primera baja de la era Guardiola.