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Jack Dempsey decía, con esa sencillez que tiene el golpe seco, con fulgor de relámpago, zumbido escalofriante y estallido de trueno, el pegador siempre tiene el tiempo a su favor.

Ciertamente, nunca es tarde para resolver un combate a base de punch destructivo, y esa es la mejor posibilidad que tenía el nicaragüense José “Quiebra Jícara” Alfaro para sobrevivir al reto de Yosuke Kobori en la primera defensa del cinturón AMB de las 135 libras.

Pelador en proceso evolutivo, Alfaro, logró imponerse por puntos a Prawet Singwancha el 29 de diciembre de 2007, en Bielefeld, Alemania, apoderándose del título Ligero; y esta madrugada, después de haberse sometido a un tren intenso de adiestramiento, confiaba en salir a flote presionando sin dar tregua y haciendo valer su punch.

Un muchacho de 24 años, dueño de una exuberante condición física, Alfaro, quien no tuvo problemas de peso registrando 134 libras y tres cuartos, por 135 de Kobori; esperaba manejar el ritmo del combate sacándole provecho a sus golpes rectos, con centímetros de ventaja en alcance y el avance conseguido atacando al cuerpo con poderosos ganchos.

Kobori no es un púgil de impresionantes antecedentes. You-tube en internet nos muestra que se trata de un fajador que utiliza su derecha desde atrás para abrir ofensivas, tomar riesgos y hacerse sentir. Sabe darle acompañamiento con su izquierda, pero exponiéndose, algo muy peligroso frente a un atacante insistente como es Alfaro.

No se observa que sea hábil retrocediendo, y cuando lo hace parece perder el control. Es por eso que Alfaro fue colocado como favorito, porque su impetuosidad, pese a su falta de precisión, podría adquirir una buena incidencia.

El octavo pinolero campeón mundial de boxeo, todavía con mucho que aprender, pero con suficiente bravura para ir a fondo sin temor al desgaste, confiando en su capacidad para asimilar, nos despertó muy temprano hoy.

Son tan pocos los nicaragüenses que brillan en el exterior, que se codean con los mejores, que se convierten en excepciones saltando sobre los cálculos, que es natural emocionarnos como lo hacemos con púgiles como Alfaro, deseando permanezcan en la cresta del Everest imaginario.

Todos sabemos que cada pelea es un misterio, que las posibilidades entre las cuerdas a veces son ciegas; y que como diría el poeta, la verdad inaccesible asombra. Si ganó “Quiebra Jícara”, el país estará saltando de júbilo mientras se dirige a su trabajo a bordo de buses y taxis reactivados.

dplay@ibw.com.ni