•  |
  •  |
  • END

Agallas, poder y clase; esa es la fórmula del tenista español Rafael Nadal, casi invencible en tierra batida y temible en superficies rápidas como la grama y el ladrillo. De no estar Roger Federer dominando en el otro terreno, Nadal lo ganaría todo; y de no ser por Nadal en arcilla, Federer arrasaría. No es casual que se vean las caras en la gran mayoría de grandes finales.

Rivalidades como Borg-Connors, Vilas-Nastase y Sampras-Agassi, hacen historia en ese mundo del balazo con la raqueta que es el tenis. Pero Nadal-Federer trasciende hacia “algo más”, nos lleva de regreso al viejo oeste, a los tiempos de Dock Holliday y Wyatt Earp, de Johnny Ringo y los hermanos Frank y Jesse James; aquella época en la que “sólo uno quedará con vida”.

Ayer, en Hamburgo, Nadal salió de los escombros saltando de un adverso 1-5 en la primera manga, para imponerse 7-5, pese a tener que recurrir en carácter de urgencia a un fisioterapeuta para que le revisara el muslo derecho. Perdió el segundo set 6-7 cuando Federer escapó milagrosamente a un 0-40. Pero obviando las molestias, Nadal triunfó sin abrir espacio a objeción alguna 6-3, para conseguir el único título que tenía pendiente en tierra.

A pocos días que se abran las puertas del Torneo de Roland Garros en París, reino de Nadal; el bravo, impetuoso y destructivo español, muestra toda su reluciente dentadura exhibiendo un tenis ágil, certero y poderoso.

Ha sido un año muy difícil para Federer, mientras ocultaba un agudo problema de salud que le impidió rendir al tope de sus facultades en el Abierto de Australia. Nunca se quejó porque es dueño de un orgullo que tiene el tamaño de una montaña, pero se ha recuperado, y podemos decir que se encuentra próximo a su nivel de asombro.

En un alarde de fortaleza física y de coraje, Nadal vino desde atrás para eliminar al cada vez más crecido Novak Djokovic el sábado, durante una batalla que se extendió a tres horas y tres minutos; y el domingo, se fajó dos horas y 52 minutos con Federer.

Esto me recuerda el Abierto de Estados Unidos en 1975, cuando salí de Forest Hill porque Guillermo Vilas estaba aplastando a Manuel Orantes en duelo de zurdos; dos games a cero y 5-0 en el tercero. Orantes bien noche arrebató el tercer set, ganó los otros dos, y el domingo por la mañana estaba derrotando a Jimmy Connors, para coronarse espectacularmente.

El sábado, Nadal arriesgaba frente a Djokovic su posición privilegiada como número dos del mundo; y ayer, intensificó su presión sobre Federer, a quien podría tumbar en breve. Se trata de una ecuación con tres incógnitas, para saber ¿quién es el mejor pistolero del planeta?: el nuevo Johnny Ringo.