Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni
¿Cuántas veces soñamos con este Vicente Padilla que estamos viendo establecerse con autoridad entre los mejores pitcheres del planeta? Lo imaginamos tantas veces, que cada aterrizaje forzoso en la pista de la realidad nos golpeó como una combinación de golpes de Marvin Hagler.

Una y otra vez nos preguntamos, ¿cómo es posible que con tanto potencial no pueda terminar de crecer? No queríamos ser testigos de otro caso como el de David Green. Potencial es algo muy subjetivo y hasta peligroso. Si lo tienes y no lo muestras, es como esa inteligencia que no se usa. ¡Qué desperdicio!
Emocionalmente, nunca nos rendimos, pero lo importante no era mantener latiendo nuestras expectativas, sino él, dueño de la materia prima, con su impulso y su actitud, consiguiendo la madurez requerida.

Y ese es el Padilla agigantado que estamos viendo, el que después de 102 lanzamientos en cinco entradas el miércoles, le pidió la bola al manager Ron Washington porque quería defender esa ventaja de tres carreras pese a las constantes dificultades que estaba enfrentando.

Este Padilla cobijado por una confianza exuberante es el que ha saltado hacia la notoriedad convirtiéndose en el brazo más fuerte de los Rangers como máximo ganador, con seis, líder en entradas lanzadas, con 67 y dos tercios, al frente en efectividad con el número de innings requeridos, registrando 3.33, más ponches con 44, y forjador de una blanqueada.

No fue una gran tarde monticular de Padilla frente a Minnesota, pero mostró su dureza mental bajo presión. No le teme a los riesgos, pero tampoco los subestima. Los enfrenta y los maneja. Nueve años después de aquel nervioso debut en Cincinnati, Vicente Padilla da la impresión de estar en su momento.

¿Hasta dónde llegará? Esa es una pregunta cargada de ansiedad. Muchas veces, la primera mitad de temporada no se parece a lo que ocurre después del Juego de Estrellas. Hay tantas historias alrededor de eso, sin embargo, este Vicente físicamente fuerte, técnicamente evolucionado, mentalmente equilibrado, parece poder redondear un gran año, quizá de unas 18 victorias, a promedio de tres por mes, o algo más.

Su próxima apertura, la última en mayo, será contra los inspirados Devil Rays de Tampa. Va en busca de su quinta victoria consecutiva y de seguirse afirmando como algo real. Todos aquí estamos siguiendo sus huellas, pendientes de cada uno de sus disparos.

Él ya no está en tierra de nadie buscando una brújula y la motivación, su figura, viniendo hacia el plato con todo su poder, parece pintada por Goya, y el interés que provoca, atrapa a un país por siempre convulsionado por las malas noticias.

Incluso Daniel se olvida de los clavos, y nosotros -–los afectados por un mal gobierno-- nos olvidamos de Daniel cuando Padilla está lanzando.