Jorge Eduardo Arellano
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ORLANDO, Florida .- “Los hombres de béisbol no nos retiramos, nos retiran”.

La frase me la dijo el gran Felipe Alou, el legendario y enigmático dirigente dominicano, un momento antes de su presentación oficial como manager de República Dominicana para el Clásico Mundial de Béisbol.

Ese mismo día Mike Piazza anunció su adiós definitivo al juego y Pedro Martínez sugirió por décima ocasión que 2008 podría ser su última temporada en el negocio.

La fecha del anuncio del antiguo receptor es un claro indicativo de que no se retiró, sino de que lo retiraron, mientras que Martínez está indicando que prefiere decidir su futuro antes que pasar por el trauma de Piazza, quien estuvo esperando una llamada (que nunca llegó) de algún equipo desde octubre del año pasado.

La misma llamada que siguen esperando Barry Bonds, Sammy Sosa, Roger Clemens, Kenny Lofton, José Mesa y otros veteranos de más de 40 años de edad que no están jugando, pero que tampoco están “oficialmente” retirados.

La misma llamada que está esperando desde hace cinco años Rickey Henderson. Créanlo o no, pero Henderson, quien jugó por última vez en las Grandes Ligas en 2003, aún no ha anunciado su retiro, y el año pasado se atrevió a decir que estaba listo para volver si algún equipo estaba interesado en sus servicios.

¡Por Dios, Henderson cumplirá 50 años en Navidad! Y será el candidato número uno en la boleta del Salón de la Fama de Cooperstown el próximo enero.

¿Y Julio Franco? El pelotero dominicano se retiró hace un par de semanas, mientras accionaba en la Liga Mexicana de Verano y esperaba ser convocado a las Grandes Ligas para cumplir su sueño de jugar hasta los 50 años de edad.

Mientras la mayoría de periodistas y aficionados critican abiertamente a los atletas que insisten en tratar de alargar sus carreras, mi posición es, dentro de lo posible, no censurar a unos lo que apoyo a otros.

Me explico. Mientras muchos de nosotros, los periodistas, pasamos parte de nuestras carreras exigiendo a los atletas y otros personajes públicos que se retiren, nunca nos sentimos viejos para seguir, hasta que literalmente nos ponemos tiesos frente a una máquina de escribir (mecánica, eléctrica o computarizada) o un micrófono.

Nunca he leído a un columnista deportivo quejarse porque un colega insiste en seguir escribiendo a pesar de que hace 25 años que recibe un cheque de pensión del seguro social y ninguno de nosotros se atrevería a sugerir que Peter Gammons (63 años) debería retirarse de comentar y escribir o que Mike Wallace (80 años) debería dejar “60 Minutos”.

Pero tan fácil que nos sale a todos decirle a tipos como Franco y Henderson que se dejen de bobadas y se vayan a jugar con los nietos. Tan fácil que declaramos demasiado viejos a los políticos, cantantes, actores y hasta a nuestros padres.

En el caso de Bonds, Clemens y Sosa, pienso que deberían seguir el ejemplo de Piazza y anunciar cuanto antes sus retiros formales, pero no porque entienda que ya no pueden aportar en el terreno, sino porque es evidente que ningún equipo los quiere, y mientras más tiempo pase sin que les hagan ofertas, más empañan sus trayectorias.

Pero si no fuera por ese pequeño detalle, entonces apoyaría que se estén tomando al pie de la letra la frase de Felipe Alou y terminen siendo retirados por el béisbol en lugar de retirarse del béisbol.

Aunque siempre existe la posibilidad de que alguien no mencione públicamente que se retira de algo para no darle el placer a los otros. Ya lo dijo el sociólogo, político y economista inglés Walter Bagehot: “El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer”.