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París

Tras orquestar al minuto su aparición comunicándose con el personal de la organización a través de un modernísimo teléfono --”ya estoy bajando--”, Roger Federer (Suiza, 1981), el número uno del tenis mundial, llega con un apretón de manos con la fuerza de un roble.

Viste desenfadadas zapatillas juveniles en un hotel monegasco [la entrevista fue días atrás], rodeado por Ferraris y Porsches. Mira directo a los ojos, sin concesiones. Y él mismo, casi sin que se lo pregunte, habla de su mononucleosis, de sus récords y sus sueños, de Roland Garros, que arrancó ayer, y de un amigo que debería ser todo lo contrario: “Rafa”.


Suele decir que Nadal es mejor de lo que él mismo cree. ¿Por qué?
Me impresiona cómo la gente da la vuelta a las historias en el mal sentido. Rafa ha mejorado muchísimo en pista rápida y hierba, y le siguen considerando sólo de tierra. Sé que ha tenido más éxitos allí que en ningún otro lugar, pero es durísimo en cualquier lado y ha mejorado tanto que, a veces, todavía me golpea y sorprende que la gente siga pensando que no puede jugar en dura. A mí me ha ganado. A los mejores les ha ganado. Me molesta un poco que la gente no lo entienda.


¿Qué le gusta de su juego?
Que es único. Físico. Su revés y su drive son dos de los golpes más increíbles que hay en el tenis actual. De los mejores. Simplemente, me gusta su forma de jugar. Es como Lleyton Hewitt. Me gustaba verlo jugar. Desgastando a la gente en la pista, lo atacaban desde un montón de posiciones y respondía con un passing shot. Es intrigante ver a alguien jugar así. Ahora yo también puedo jugar más defensivo, pero al principio no podía. Es un milagro.


¿Y por qué piensa que jugar sobre arcilla es casi otro deporte?
No puedo jugar contra Rafa igual que contra Nalbandián. Nalbandián le pega duro y firme a la línea de fondo. Y Rafa la acorta con su efecto spin. Contra Nalbandián no puedes atacar. Por eso en tierra tienes que tener diferentes opciones. Tienes que ser capaz de jugar muy por detrás de la línea de fondo, tienes que poder sacar bien. Pero, si no lo haces, no puedes ir hacia la red como un idiota. Tienes que ser inteligente. Gracias a Dios, yo tengo esas diferentes opciones. Lo que pasa es que, desafortunadamente, Rafa ha sido muy dominante sobre tierra en las últimas temporadas. El año pasado llevaba 81 partidos seguidos ganados sobre tierra. Esa es la racha más increíble de la que nunca escuché hablar. Con Rafa alrededor es difícil, pero sé que tengo el juego necesario: lo demostré en Hamburgo, estuve muy cerca en París, Roma... No es un problema.


Si Nadal fuera el número uno, ¿sería tan fácil que se llevaran bien?
No creo que fuera un problema. No importaría. Estaría viendo a un tenista que se lo merece: ha ganado tres títulos del Grand Slam y sigue siendo el número dos. Eso debe de estar trabajándole la mente. Respeto al máximo a los jugadores que me persiguen porque llegar hasta ahí es difícil, pero mantenerse lo es aún más.


¿Cuál ha sido su problema con Roland Garros?
No me gustaba mucho el torneo. Tuve varias derrotas en la primera ronda. Iba ahí y nunca me sentía a gusto. Por ejemplo, nunca encontraba el hotel adecuado. Sentía que el sitio estaba mal. No estaba familiarizado con la pista central: sus alrededores son tan espaciosos... Pero en los tres últimos años he jugado muchas veces allí y en una ocasión llegué una semana antes del torneo para entrenarme todos los días en la central. Ya no es un problema. Me siento bien con la ciudad. Lo bueno es que ya sé cómo moverme en París, lo que necesitas para ganar Roland Garros... Hace cuatro años creía que tenía posibilidades de ganar, pero probablemente no lo creía al ciento por ciento. Ahora, sí. Eso es un gran cambio en mi aproximación mental al torneo.