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Fue un partido tan difícil que las sirenas de alarma estuvieron sonando constantemente mientras Vicente Padilla multiplicaba esfuerzos por sacar outs en momentos cumbres, poniendo a prueba su carácter.

Pese a los diez ponches en tan corto trayecto, un pitcheo de siete hits y cuatro pasaportes que abre espacio para cinco carreras limpias en seis entradas, soportando par de jonrones, no puede ser calificado de bueno, pero si nos detenemos en las diferentes situaciones complicadas que lo rodearon y revisamos la forma en que estuvo resolviendo problemas y mostrando suficiente lucidez, podemos comprobar que se encuentra en plena evolución.

Cierto, no pudo evitar que una clara ventaja de 7x0, facilitada por el fatal error de Evan Longoria, se debilitara peligrosamente frente a la presión ejercida por el bateo de Tampa, pero sería injusto no valorar la valentía y la astucia de su pitcheo en el sostenimiento de su séptima victoria contra viento y marea.

Tenemos que ir a los detalles. El pitcheo a B. J. Upton en el primer inning con Iwamura en primera por hit, fue bajo, desequilibrante, bueno para provocar ese roletazo que Michael Young convirtió en doble play, algo que se ha convertido en rutinario trabajando Padilla con embasados.

Cliff Floyd le pegó en la nariz a una bola rápida para un jonrón de dos carreras en el segundo inning. ¡Diablos!, estamos en el béisbol de la Gran Carpa. Vicente regresó con ponches consecutivos a Dioner Navarro y Eric Hinske, continuó con otro a Jason Bartlett como primer bateador del tercer episodio, y no se detuvo, el cuarto ponche consecutivo fue a Iwamura, con una llamativa variedad de lanzamientos.

En ese mismo inning, después de los dos ponches, el doble de Crawford y la base a Upton fabricaron presión. Vicente llevó a Carlos Peña al conteo de tres bolas sin strikes, pero reaccionó con firmeza. Una bola rápida que se movió hacia afuera fue el primer strike; cambió de dirección, siempre con poder, hacia adentro, y fue foul; luego, la curva rápida, un gancho lo suficientemente dañino para el scone de ponches.

Peña de nuevo en el quinto, con tres y dos, esperando probablemente una bola de poder, y encontrándose con un quite de velocidad y el necesario quiebre para poncharse con uno a bordo.

Y qué decir del pitcheo a Hinske en el sexto con hombres en las esquinas. En el cuarto, Hinske había aplastado una bola rápida muy al medio con conteo de una mala y dos buenas para el jonrón de dos carreras, pero en esta oportunidad, con un pitcheo adentro y abajo, en cuenta de dos y dos, bateó para doble play por primera, con su extensión de brazos recortada.

¿Vieron cómo los bateadores de Tampa se precipitaron sobre lanzamientos difíciles? Observaron a Vicente agotándoles la paciencia, retardando sus movimientos y obligándolos a detener la acción. Captaron su serenidad pese al sonido de las sirenas. Apreciaron su madurez.

“Qué bueno fue verlo batallar entre las dificultades”, dijo el manager Ron Washington allá, eso mismo pensamos nosotros aquí.