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ESPN.com

Lo único que sabemos a ciencia cierta es que la mañana después del voto de confianza para Willie Randolph, los Mets tienen récord de 77-83 desde mayo, lo cual significa que no pueden alcanzar los .500 en un año de calendario.

Pero hay tanto de lo que no sabemos, porque Randolph lo internaliza todo. No sabemos por qué Carlos Beltrán a veces juega como si estuviera perdido, o por qué José Reyes se pone tanta presión que pierde su enfoque, o si los Mets hacen lo que hacen porque su talento está sobreestimado o porque se subestimaron las expectativas que representa un mercado grande de la Costa Este. No conocemos el alcance de los malos entendidos de distinto nivel en el Shea Stadium. Lo único que sabemos que los Wilpon y el gerente general Omar Minaya no quieren echarle toda la culpa a un hombre que ha representado dignidad y campeonatos antes de este trabajo como dirigente, un hombre que sufrió el colapso de 2007 que lo ha dejado marcado por un asterisco público.

No sabemos qué los Wilpon --que en una ocasión vieron cómo el conjunto Bobby Valentine/Steve Phillips congeló la franquicia-- pueden hacer aquí, o si un regreso de Pedro Martínez podrá reincorporar al verdadero José Reyes y devolverle a los Mets su confianza. No sabemos lo que es ser un pelotero latino y escuchar que hay demasiados peloteros latinos en el club.

No sabemos qué se siente levantarse cada día con el conocimiento de que los aficionados y la prensa especulan que el futuro de Randolph depende del partido del día. O cómo se siente su familia sentada en el parque mientras escucha las tormentas de coraje y palabras para hacer el ridículo. La mayoría de nosotros no conoce las punzadas sutiles o el racismo abierto y cómo funciona; nosotros sabemos que todavía está presente en nuestra sociedad, ya sea por el candidato presidencial que representa al "blanco duro trabajador" para ganar a cualquier costo, o lo que dicen los comentaristas de radio. Lo único que sabemos es que Randolph fue obligado a pedir disculpas luego de dejar escapar un pensamiento ante el periodista Ian O'Connor del diario Bergen Record.

OK, Randolph dejó saber su parecer desde septiembre. Ron Washington, quien a fines de abril era atacado en Texas y ha logrado mantener un record de 16-9 en mayo con los Vigilantes, nunca ha expresado palabras similares mientras desarrolló lo que podrían ser estrellas a largo plazo en el jardín central y detrás del plato, adquiridas por el gerente general.

Claramente hay algo mal con los Mets. La edad es un problema en el jardín izquierdo, en segunda base y en primera. El perder a Ryan Church con un síndrome de post conmoción cerebral. Mike Pelfrey no ha podido hacer lo que han hecho los jóvenes abridores de los Angelinos, Medias Rojas y Medias Blancas, y el cuerpo de relevistas ha sido un campo de minas. Mientras que los Mets deberían tener un mejor récord que 77-83 desde el pasado mes de mayo, nosotros deberíamos saber a estas alturas que no son más talentosos que los Bravos y los Filis y hasta los Marlins. No son tanto mejor que con simplemente reemplazar a Randolph con Jerry Manuel o Jim Fregosi o Joey Cora.

Algunos prefieren culpar a Carlos Delgado por no ser Thurman Munson. Delgado nunca será un evangelista del béisbol. Sólo es un hombre justo, socialmente responsable que nunca se autopromociona. Recientemente le pidió disculpas a Billy Wagner por la tormenta mediática en que quedó Wagner (a pesar de que una emergencia familiar obligó a Delgado a abandonar el parque), ayudó a Randolph y a Rick Peterson para guiar a Ramón Castro en una experiencia con un nuevo lanzador, y habló aparte con Reyes en el terreno durante un cambio de lanzadores para que no perdiera su enfoque. Pero por alguna razón, la velocidad del bate de Delgado y su carácter se han confundido en el caso de un hombre sumamente decente.

Tal vez Minaya necesita un golpe de impacto, como cambiar a Beltrán junto a dinero en efectivo y otras piezas a un mercado menor y traer un combo como Alexis Ríos y A.J. Burnett. Tal vez Martínez les traiga nueva vida. Minaya trató de firmar a David Eckstein en el invierno. Quizás un Scott Hatteberg, Kevin Millar o Ryan Freel cambiarían el panorama.

En parte, los Wilpon y Minaya aceptaron la responsabilidad por lo que ha sucedido desde el pasado mes de mayo --todos ellos fueron parte de la avalancha de septiembre, y nada ha cambiado. Lo que no parecen saber es qué papel ha jugado Randolph como dirigente de todo esto, o quién es la persona apropiada para cambiar el panorama en este momento.

Recuerda, el pasado mayo, cuando los Mets barrieron a los Yankees, hubo reclamos por la cabeza de Joe Torre y Brian Cashman, y los Yankees batearon y batearon hasta regresar a la postemporada. El dueño de los Medias Blancas, Jerry Reinsdorf, nunca cesó en su apoyo a Ozzie Guillén cuando terminaron en último lugar, y ahora están en primero. Washington fue tratado como si le faltaran algunas piezas el primero de mayo, y ahora los Vigilantes son uno de los equipos más interesantes.

Es posible que la música para el lunes en la mañana en Shea fuera la canción de Bob Dylan: "Let's Keep It Between Us" (Vamos a dejarlo entre nosotros). Los que manejan desde el asiento de atrás no conocen el timón, pero sí que saben cómo molestar.

Tony La Russa conoce ese verso porque él tenía un letrero así en su oficina. Las soluciones con un sello de oro de responsabilidad no son tan sencillas como las reuniones en la casa club o el no traer a Pedro Feliciano para enfrentar a Luis González. Y nadie de los Mets ha llamado a las estaciones de radio con la respuesta.