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Ese instinto matador del veloz, incisivo y decisivo Kobe Bryant le permitió a los Lakers proyectarse brusca y espectacularmente, borrando una temprana desventaja de 17 puntos que enmudeció a la multitud en el Staples Center, y estructurar una resonante victoria por 100-92 sobre los campeones de 2007, Spurs de San Antonio, que necesitaban algo más que el esfuerzo de Tony Parker.

Bryant, que marcó 39 puntos, tardó un poco en calentarse. Con su líder ausente, el equipo de Los Ángeles se vio desorientado mientras era claramente superado en el primer cuarto 28-16, pero reaccionó en el segundo, el que se impuso 27-20, metiendo el futuro del juego en una botella llena de intrigas.

Los 19 rebotes del español Pau Gasol, que contribuyó con 12 puntos, resultaron fundamentales para garantizar contraofensivas, en tanto Lamar Odom, con 13 puntos, Radmanovic, con ocho, incluyendo el triple cierra-juego que funcionó como tiro de gracia, y Derek Fischer, con su capacidad de recuperación y movilidad, más los esfuerzos de Vujacic y Farmar, terminaron de redondear la victoria, atrapando el banderín del oeste.

Los Spurs no tienen excusas. En el primer juego no supieron manejar una ventaja de 20 puntos, flaquearon en la recta final del cuarto juego, y anoche, con Tim Duncan limitado a 19 puntos, pese a la utilidad de sus 15 rebotes y diez asistencias, vieron desvanecerse una superioridad de 17 puntos que parecía colocarlos en ruta hacia la resurrección.

Una vez más, Kobe se desbordó, ofreciendo un gran show, justificando plenamente su nombramiento como Más Valioso de la NBA. No es Jordan, por supuesto, nadie lo es, pero su accionar es impactante y determinante. Apareció a tiempo en el escenario y tomó las riendas del juego como sólo pueden hacerlo los verdaderos caudillos.