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Kobe Bryant perdió brillo y los Lakers el primer juego de la final ante los Celtics 98-88. Casi todo lo que hicieron los Celtics fue irreprochable, jugaron con intensidad, criterio y certeza. Supieron apretar las tuercas, cerrar espacios y presionar ofensivamente.

Triunfo indiscutible. Ahí estaban los Lakers de rodillas mientras se consumían los últimos segundos. La tropa de Phil Jackson fue víctima de su inseguridad para resolver. La mayor parte de sus arremetidas caducaron de forma irremediable, y ese porcentaje adverso los hundió pese al esfuerzo desplegado.

Aunque Kobe fue limitado a ocho puntos en los primeros dos períodos, los Lakers estaban adelante 51-46 después de haber conseguido un significativo crecimiento que cubrió a la multitud con la telaraña de la preocupación.

Sin embargo, los Celtics, apoyándose en el abrumador accionar de Paul Pierce, la presencia de Kevin Garnett y el apoyo de Ray Allen, se impusieron 31-22 y 21-15 en los dos últimos cuartos, quitándole suspenso al desenlace.

El factor Pierce, quien después de una torcedura, mantuvo a la clientela cruzando los dedos mientras era sometido a un examen para determinar su futuro inmediato, no sólo en el juego, sino en la serie, fue muy útil como complemento de Garnett, quien aseguró 13 rebotes como agregado a sus 24 puntos.

Más allá de sus 22 puntos, Pierce tuvo la virtud de aparecer en momentos en que se necesitaba bajarle las llantas al impulso de los Lakers, supo moverse con propiedad en el perímetro y conseguir posiciones de tiro con suficiente claridad.

Y la versatilidad de Ray Allen más el aporte de Rajon Rondo, terminaron de redondear esa victoria, edificada alrededor de una defensa con mucho oficio que no regala centímetros para maniobrar, obligando al adversario a depender de sus tiros de campo, no de las penetraciones. Eso fue clave para los Celtics.

Muchas veces Bryant, finalmente el mejor anotador de los Lakers, con 24, logra reaccionar vigorosa y efectivamente a un inicio lento y desajustado. Lo consiguió en ciertos momentos, pero sin el sostenimiento requerido y se quedó corto en su rendimiento.

El primer cuarto de Pau Gasol fue alentador. Tanto tirando aun sin tablero como interceptando y tomando rebotes, Gasol parecía encaminarse a una gran noche, pero se le apagaron las luces. Anotó 15, con nueve rebotes y cuatro asistencias.

Phil Jackson no durmió pensando en lo mucho que se necesita corregir para tratar de no regresar con los bolsillos vacíos a Los Ángeles. ¿Cómo evitar una desventaja de 0-2?, ese es el dolor de cabeza de los Lakers.