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Sin Aquiles y sin Ulises, pero con un equipo de firme, oportuna, precisa y agobiante defensa, más una agresividad bien controlada y la astucia para acertar la estocada, Grecia derrotó 1-0 a Portugal y se coronó sorpresivamente Campeón de Europa en 2004.

Vimos a los incrédulos saltar de sus butacas con el cabezazo mortífero de Angelos Charisteas en el minuto 57.

En su primer corner, los griegos le dieron forma a la proeza. Desde el rincón derecho, Angelo Basinas envió el centro hacia el borde del área chica. Llegó Charisteas entre dos defensas, superó a Costina elevándose, y clavó el cabezazo hacia abajo, sobre la insegura salida del arquero Ricardo para el 1-0.

Era muy temprano para considerarlo marcador definitivo, pero la pizarra no se movió más. La tragedia de los portugueses, provocada por los griegos, fue otro Maracanazo.

Como Brasil en 1950, todo Portugal se había preparado para el gran festejo confiando en un equipo de ensueño.

Con un medio campo flexible, un ataque vigoroso, capaz de multiplicarse, suficiente creatividad para fabricar tantas posibilidades favorables como fuera necesario, una defensa fuerte y astuta, y el impulso de la multitud, para Portugal era un reto de ahora o nunca.

Lo más impresionante de Grecia fue su disciplina táctica para aplicar una defensa que estrangulaba pausadamente, pero con seguridad. Hubo momentos en que cada uno de sus hombres en el área, enfrentando el peligro, parecían tener más piernas que cabezas la Medusa. Y posicionalmente, mostraron un dominio cierra-espacios extraordinariamente eficaz. Eso, por supuesto, es admirable y altamente meritorio.

A lo largo del primer tiempo, los griegos aguantaron las embestidas de Portugal, inutilizando todos los intentos de agresión de la tropa de Scolari. Cuántas veces los portugueses, con Figo proyectándose por la izquierda, Deco movilizándose en el centro, Maniche incursionando como un elemento de apoyo de mayúscula utilidad, y Miguel por la derecha, abrieron juego intentando o buscando cómo penetrar al área con rapidez y determinación.

Pero, una y otra vez, el coloso Dellas, Seitardiris, Kapsis y Fyssas, se convirtieron en factores de frustración, con el respaldo de Giannakopoulos, Basinas y Zagokaris, incansables, inalterablemente efectivos, ofreciendo una cátedra de marcaje a presión, no regalando una pulgada, y forzando a los portugueses a tener que atreverse desde distancias que podía manejar el guardapalos Nikopolidis.

En el segundo tiempo, Grecia decidió salir de la zona roja, yendo “más allá”.

Había que tomar riesgos, confiando en su capacidad de recuperación en la defensa, y fue entonces que comenzaron a agrietar los muros de Portugal.

Y lo hicieron mostrando ordenamiento, fajándose en las entregas de primera intención, cambiando de juego oportunamente, filtrándose por el centro. Y en el minuto 57, golpean en la mandíbula al adversario con el corner que cobra Basinas y el estupendo cabezazo de Charisteas para el 1-0.

Lo llamativo: Grecia no se replegó a tratar de defender con uñas y dientes esa ventaja. Procedió a cuidar esa diferencia, pero estuvo activa ofensivamente, y eso quitó mucho del empuje que Portugal trató de ofrecer, como lo demostró obteniendo cuatro tiros de esquinas entre el minuto 65 y el 69.

El regreso a la realidad es a veces un empobrecimiento brutal, la comprobación de que somos menos de lo que soñamos. Lo sabe Portugal, mientras las imágenes de los griegos, se ven agigantadas alrededor de su inagotable inspiración. Sin Aquiles y sin Ulises, tomaron Lisboa.

Va ser muy difícil volver a ser testigo de algo parecido. Grecia, pese a ganar su grupo clasificatorio obligando a España al repechaje, era un equipo inadvertido al momento de ponerse en marcha esta Euro-2008. Y miren lo que hizo: derrotó dos veces al local Portugal, uno de los grandes favoritos; sacó de la pelea a Francia, el campeón que defendía su corona; derritió las ilusiones de España y decapitó las pretensiones del formidable equipo de la República Checa. Por favor, Grecia no bromeaba. Resultó ser más grande de lo que parecía mientras avanzaba con seguridad en un campo minado.