•  |
  •  |
  • END

Estamos frente a la edición número 13 de la Eurocopa, y un baile de números, datos y citas nos ameniza la espera, intentando armonizar ese runrún que todo buen aficionado siente en la boca del estómago en estas fechas de espera. El torrente de información es considerable y sirve para ilustrarnos sobre la trascendencia que ha adquirido la competición en las últimas décadas, tanto a nivel deportivo, como económico y social. 16 equipos se batirán durante 23 días en 31 partidos que deberán desvelar la gran incógnita: ¿quién sucederá a la sorprendente Grecia en el palmarés?
Los ocho estadios-sede, distanciadas las dos ciudades más lejanas, Viena y Ginebra, por tan sólo 1,032 kilómetros, serán un hervidero de actividad y emociones, en los que en cada día de partido, más de 1,500 trabajadores se encargarán de la seguridad, la logística y la organización, más allá de la tarea de los 5,000 voluntarios durante toda la competición. Desde el punto de vista mediático, el interés alcanzará las cotas más elevadas en la historia del torneo, con 28 cámaras asegurando la retransmisión de cada encuentro. A la cita acudirán 8,000 periodistas y está previsto que la sigan 150 millones de telespectadores en todo el planeta, aunque los verdaderos protagonistas serán los hinchas que se desplacen a Suiza y Austria.

Se prevé dos millones de visitas extranjeras y cinco millones de aficionados en total, a los que 2,500 trenes especiales les facilitarán de forma gratuita el desplazamiento con su entrada. Precisamente los billetes serán la pieza más codiciada durante las tres semanas de la competición. El lleno está asegurado en todos los estadios, ya que el papel está agotado, pero más allá del 1.05 millón de entradas existentes, y a pesar de la persecución por parte de la UEFA del mercado negro, la reventa hará su agosto en junio.

Precisamente, los codiciados billetes serán la plataforma perfecta para que la UEFA promueva una de sus principales inquietudes durante la Eurocopa: la lucha contra el racismo. Michel Platini, en su primer gran evento como Presidente del máximo organismo europeo, llevará hasta el paroxismo su política de tolerancia cero ante el racismo y la xenofobia, ya que el dirigente francés ya ha anunciado que en el partido en el que se hagan públicas cualquier tipo de manifestaciones de este tipo, éste se suspenderá inmediatamente. Y para que todos los aficionados se graben bien el mensaje, todas las entradas llevarán inscrito el mensaje: “Unidos contra el racismo”.

También otro tipo de solidaridad, no tan metafísica, protagonizará otra gran novedad de esta Eurocopa, ya que por primera vez en un gran torneo internacional, los clubes recibirán una compensación económica por la cesión de sus futbolistas. Tras el reciente acuerdo alcanzado entre el propio Platini y el G-14, cada equipo se embolsará 4,000 euros al día por jugador seleccionado con su país. De todos modos, el pastel será suculento también para las selecciones nacionales y para la propia UEFA. En Portugal, la pasada Eurocopa arrojó un rédito de 840 millones de euros, pero para esta edición se espera generar unos ingresos de 1.25 billones de euros (45% más que en 2004), de los cuales más del 64% provendrá de los derechos pagados por los medios de comunicación. Los participantes se repartirán 184 millones de euros en premios, un 40% más de los 129 que se repartieron en la edición lusa. El ganador del torneo no se hará simplemente con la gloria, sino que también podrá recibir hasta 23 millones de euros. Sólo por estar presente en Austria y Suiza, la recompensa será de 7.5 millones de euros por selección. En la primera fase, la victoria se premiará a millón de euros y el empate a medio millón. Llegar hasta cuartos de final se cotizará en dos millones, y plantarse en semifinales en tres más. Finalmente, el 29 de junio en Viena, el subcampeón percibirá 4.5 millones de euros y el campeón, 7.5 más.

El evento más esperado
La Euro de Austria y Suiza arranca las últimas hojas del calendario, esperando el día D y la hora H de la inauguración de un evento altamente esperado, y no sólo en el aspecto deportivo. El protagonismo del fútbol será una liberación para los dos co-anfitriones, tras meses de estrés y de malas noticias, como las pérdidas millonarias de la principal sociedad bancaria y financiera del país, la USB (Unión de Bancos Suizos), que precisamente hizo público un estudio en el que daba como vencedor a la República Checa, o el ignominioso secuestro protagonizado por el carcelero de Amstetten, Joseph Fritzl. Ambas naciones andan ávidas de un motivo para sonreír, sobre todo los helvéticos, que han presentado una campaña con 50,000 personas adiestradas para ser los perfectos anfitriones. “El país de la sonrisa” es el nombre de la iniciativa, ya que los suizos tienen fama de gruñones. Los problemas de los austriacos también tienen que ver con su imagen pública, ya que éstos, según una encuesta a la que se refiere la agencia local APA, confiesan sentirse más preocupados por la imagen que dé el país como anfitrión que no por el resultado final de su selección.

Además, los prolegómenos de la Euro no han acompañado demasiado, sobre todo porque las tórridas temperaturas que se prevén durante la competición alertaron sobre una posible plaga de garrapatas en la zona sur de Austria. La UEFA recomendó la vacunación masiva, aunque los números dijesen que sólo entre el 0.1 y el 5% de las garrapatas podían transmitir la enfermedad. Además, algunos equipos, como ha hecho el combinado germano, han vacunado a sus integrantes contra el sarampión, que invade a los dos países centroeuropeos desde hace un año. Pero todos estos inconvenientes serán borrados desde que el balón empiece a rodar. Para alivio de suizos y austriacos.