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Impecable e implacable, eso fue Rafael Nadal, convirtiendo en cenizas la gama de habilidades de Roger Federer, arrugando dramáticamente la casi siempre ardiente voluntad del “pistolero” suizo, y sometiéndolo hasta el aniquilamiento como hizo Aquiles con Héctor.

Las cifras son claras, rotundas, estremecedoras: 6-1, 6-3 y 6-0. En su cuarta conquista de Roland Garros, abrazándose con el inmenso Bjorn Borg, el destructivo Nadal se vio más efectivo, inspirado y dominante que en otras ocasiones, rozando con la brillantez y potencia de su tenis, lo perfecto.

Todo lo que intentó Federer resultó inútil. Nunca antes vimos al suizo tan desarmado. Era el temido Johnny Ringo sin tiempo de desenfundar, mucho menos de poder apretar el gatillo, excepto en un par de chispazos mostrados en el segundo set. Su mirada perdida y su ceño fruncido, no necesitaban traducción.

Nadal se adueñó de la iniciativa desde el propio inicio, cuando quebró el servicio de Federer con tal autoridad, que mucho más que una advertencia, fue una seria amenaza.

El español mantuvo en el fondo a Federer haciéndolo correr de los Campos Elíseos al Barrio Latino, aproximándolo a la desesperación, quitándole esa flexibilidad que logra volcándose hacia delante y que le permite utilizar su derecha para definir.

¿Cómo desajustar a Nadal sin poder acercarse, pendiente de llegarle a pelotas cada vez más difíciles, sin opción a buscar colocaciones? Federer se sintió en el laberinto consciente, que no tenía escapatoria.

Nadal, vencedor inobjetable de Djokovic en semifinales, ofreciendo otra grandiosa demostración, continuaba trazando una geometría deslumbrante en la cancha central de Roland Garros, con París y el resto del mundo admirados.

Desde el poder de su servicio, la seguridad en sus respuestas, el certero manejo de las diagonales, sus mortíferos golpes de revés y su letal remate liso, recto o cruzado, Nadal no cedió un sólo centímetro a su fiero rival, sorprendentemente reducido a casi nada, pálido como un fantasma, amputado como la Venus de Milo.

Con Wimbledon en la vuelta de la esquina, Nadal da la impresión de estar en capacidad de arrasar con cualquiera.

Qué impresionante lo vi ayer mientras disfrutaba de esa balacera unilateral aquí en West Palm Beach, antes de prepararme para Alemania-Polonia.

dplay@ibw.com.ni