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El impacto continúa. Cuatro goles más y otro rival destrozado. Amigos, no parece haber forma de parar a Holanda. Ni siquiera jugando bien, como lo hizo Francia por un buen rato, llegando incluso a ejercer suficiente presión como para obligar al guardapalos holandés, Van der Sar, cerrando el primer tiempo y comenzando el segundo, a convertirse en figura apreciada.

Pero, ¡qué importa eso! Volvió a ganar Holanda 4-1 con impresionante autoridad, convirtiéndose en el equipo ofensivo más funcional y temido de esta Euro, capaz de enfrentar a las tropas de Wellington y Napoleón.

Ese violento y certero cabezazo de Dirk Kuyt, con un enérgico y crujiente giro de cuello, agregando la puntería exacta, cambiando de dirección en centro enviado por Rafael Van der Vaart desde la esquina de corner, adelantó a Holanda 1-0. Muy temprano a los diez minutos, el partido había entrado en calor, la pizarra estaba en movimiento y la cancha se teñía de naranja, como en los momentos inolvidables de esplendor y grandeza.

¡Ah!, si Thierry Henry hubiera tocado con aquella maestría que siempre lo identificaba, esa pelota entregada por Willy Sagnol a los 55 minutos, por encima de Van Der Sar, haciéndola caer dentro de la cabaña, la fiera batalla se habría equilibrado 1-1. Pero eso no ocurrió, y tampoco apareció el Humprey Bogart de Casablanca para decirle: “Tócala otra vez Thierry”.

En cambio, Holanda, que nunca bromea, volvió a la carga con una arremetida coronada por el recién ingresado Robin Van Persie, inutilizando el desesperado manotazo del arquero galo Coupet. En desventaja 2-0, Francia se vio forzada a tomar todos los riesgos en busca del gol revitalizante, y lo logró con una de esas pinceladas que traza notablemente Thierry Henry, a los 71 minutos.

Pensamos que con el marcador 2-1, el futuro del juego, apretado por mil intrigas, sería de ritmo alucinante con Francia más necesitada de pisar el acelerador a fondo. Pero Holanda contragolpeó de inmediato con el gol de Arien Robben penetrando por la izquierda y cerrándosele el ángulo, a los 72.

Y a los 90 minutos, el tiro de gracia, como en el viejo oeste: ese inmenso disparo de Wesley Sneijder desde fuera del área, paralizando a Coupet y levantando a la multitud, que entró en el ángulo superior izquierdo de la cabaña francesa para el 4-1.

Ahora, Italia y Francia, con un punto, se jugarán la vida confiando en que Holanda supere a la agresiva y peligrosa Rumania, que acumula dos puntos. ¡Qué raro sería ver a los dos finalistas de la última Copa del Mundo eliminados en esta Euro!