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Fue un cierre escalofriante. ¡Qué manera de mostrar sus agallas el equipo de Turquía! Con el corazón en los dientes, cabalgando sobre esa fe que mueve montañas, saliendo bruscamente del ataúd en las puertas del cementerio, Turquía le dio vuelta espectacularmente a un partido que perdía 2-0 frente a República Checa, para triunfar estruendosamente 3-2 y avanzar a cuartos de final en esta Euro-2008.

No sigan discutiendo la pelota que soltó Cech en el minuto 87 sólo para que el atento, oportuno y preciso Nihat Kahveci, quien se movía por la izquierda, acertara estableciendo el empate 1-1 faltando tres minutos, porque el factor clave fue esa voluntad indoblegable de los turcos, su laboriosidad en todos los sectores de la cancha, y esa vitalidad para volcarse tan decididamente al ataque.

Más que el error de Cech, al querer tomar el balón, no despejarlo como era lo conveniente por la humedad, los checos deben culpar a su falta de aprovechamiento en las constantes oportunidades que se les presentaron mientras Turquía se trababa, incluyendo cuatro malogradas por Koller, dos de ellas con el olor inconfundible de gol que se extiende instantáneamente por todo el estadio.

Cierto, se tuvo la impresión de que República Checa se arrugó después de esa falla de Cech, uno de los arqueros mejor calificados en el planeta, pero la intensidad que garantizó Turquía, equipo que iba al frente como un torbellino, mostrando una ansiedad incontrolable, fue decisiva. A los 89 minutos, cuando todavía los checos no salían de su aturdimiento, se produjo la gran escapada de Kahveci y su remate sobre el intento de achique del arquero del Chelsea, sacudiendo los cordeles.

Sólo quedaban los minutos agregados para reponer tiempo perdido, la desesperación cubría la cancha, Turquía estaba logrando el milagro mientras las posibilidades checas viajaban vertiginosamente rumbo al centro de la tierra, cuando todo terminó. El milagro había sido concretado.

Atrás quedaban el formidable cabezazo de Jan Koller en el minuto 34 que se metió en la escuadra derecha de la cabaña del guardapalos turco Volkan Demirel, y la entrada huracanada realizada ante el asombro de la multitud por Jaroslav Plasil a los 62, construyendo ese 2-0 que parecía factor de seguridad para los checos.

A los 74, Turquía inició su resurgimiento con la estocada clavada por el versátil Arda Turam junto al poste derecho de Cech, y de inmediato, su accionar se convirtió en un oleaje sostenido, manejando la pelota con buen criterio, desarticulando a los defensores checos, prisioneros del avance del reloj.

La falla de Cech, y la de Zambrotta, encabezan la lista de momentos para borrarse en esta Eurocopa.


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