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¿Han vivido un minuto más largo que ese del final del juego protagonizado anoche entre Lakers y Celtics? Pareció una eternidad con la pizarra moviéndose de 97-95 a favor de los Lakers, después de dos libres del infalible Paul Pierce, hasta el definitivo 103-98 sellado por dos libres de Derek Fischer en respuesta al triple de House, que obligó a cruzar los dedos y mantener los sistemas nerviosos colgados del techo en un sudoroso Staples Center.

Ganaron los Lakers merecidamente. Lo siento amigos, pueden guardar velas y lirios, y quitarse las corbatas negras, el funeral ha sido pospuesto.

Con la serie 3-2 de su lado, los Celtics, que sólo estuvieron adelante por un instante en todo el juego, y fue en el tercer cuarto, cuando unas canastas consecutivas de Kevin Garnett y Rajon Rondo proporcionaron una ventaja por 62-60, borrada de inmediato por dos dobles y un libre de Gasol, regresan ahora a Boston para una o dos batallas.

Perdiendo el tercer cuarto 24-18, los Lakers necesitaban una fuerte arremetida para desvanecer esa desventaja por 79-70, y aunque se impusieron 28-24, se quedaron cortos.

Los Lakers mantuvieron al público de pie con otro inicio huracanado, consiguiendo una clara ventaja de 17 puntos, 39-22. Un ritmo ofensivo que podía hacernos creer en más de 100 puntos con comodidad, si no conociéramos sus cortocircuitos. Ellos despegan como un jet y se quedan, llegando a perder los siguientes tres períodos en fila.

Fue un primer cuarto muy ágil de los Lakers, manejando muy bien las rotaciones y efectivos en sus tiros. Kobe, sin llegar a impactar, consiguió tres disparos de tres puntos, agregó una canasta y un libre, para cerrar con 12 puntos.

Como ha sido habitual, los Celtics reaccionaron rápidamente en el segundo período, mientras Kobe era reducido drásticamente a cero puntos, pasando 15 minutos sin anotar, con los tres últimos del primer cuarto.

Los Celtics, arremetiendo con determinación, control y flexibilidad, se impusieron 30-16 reactivando los fantasmas del cuarto juego, estrechando la diferencia 55-52, con Paul Pierce cerrando con una larga, hermosa y certera parábola, que sumó tres puntos antes del descanso.

Previamente, desde el piso, Lamar Odom consiguió un lanzamiento improbable en busca del cesto para mejorar momentáneamente a los Lakers 55-47, antes de una estupenda canasta de P.J. Brown y el triple de Pierce.

Los Lakers golpearon en las narices al maleficio del tercer cuarto y con Kobe mostrando señales de vida, Gasol fajándose entre dificultades y Fisher colaborando efectivamente, lo ganaron 24-18 manteniéndose adelante en el marcador 79-70.

Luego sobrevivieron apoyándose en una jugada clave, el quite de balón realizado por Kobe detrás de Pierce, y la escapada del propio Bryant recibiendo un pase preciso, para clavar “la píldora” y establecer un 99-85 faltando 38 segundos.