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EL PAÍS

Un par de goles que supieron a dulce, a honrilla suiza. Desterrado el anfitrión y clasificado Portugal de antemano, el duelo adoleció de la tensión que exige la competición, por más que los extremos lusos animaran el cotarro empecinados en brillar, en reclamar su parte de pastel en un equipo que hasta anoche se paseaba por la Eurocopa como una apisonadora sin miramientos. Suiza, sonrojada por la prematura eliminación, se resistió a abandonar el torneo de vacío. Yakin goleó dos veces. Una alegría insustancial, pero muy agradecida y celebrada.

Con los deberes hechos, con la ventaja segura de ser primero de grupo, Scolari oxigenó las piernas de sus futbolistas al tirar de banquillo. Sólo Pepe, en el eje de la zaga, y Paulo Ferreira, en la izquierda -se retiró del campo en la primera mitad al ver la cartulina amarilla-, salieron en el once inicial. Una proposición que desbravó la apuesta ofensiva. Sin los latigazos de Cristiano Ronaldo, los pases de Deco y Moutinho, las carreras de Simão y las puntadas de Nuno Gomes, Portugal se quebró por la mitad. Faltó un mediocentro que desatascara la medular, un volante que mezclara con el ariete. Suerte de las alas de Portugal. Entiende Scolari, quizá exigido por el guión y por la prolífica cantera del Sporting, el fútbol desde los costados. Nani y Quaresma tomaron el relevo de Simão y Cristiano Ronaldo. Bicicletas, recortes y alguna que otra rabona de adorno como parte del espectáculo. Pero lo mejor no fueron sus regates, sino su despliegue. No sólo absorbieron la ofensiva portuguesa, sino que ensancharon el campo y acudieron al remate en el segundo palo cuando la jugada se desarrolló por la banda opuesta. Nani centró a Postiga, que topó con Senderos. Quaresma centró a Postiga y el remate lo desvió Zuberbühler. Y Nani enganchó un disparo que escupió el larguero. Al otro lado de la red, cero pelotero hasta la entrada de Barnetta.

Una vez que Frei, su estrella, se lesionara en el primer partido, Suiza se ha mostrado como un equipo ramplón, raquítico en todas sus líneas menos en la defensa, donde el estilista Magnin se desenvuelve con soltura por el ala izquierda y el potente Berhami arranca sin pudor por la derecha. Organiza y manda, en cualquier caso, Senderos, que otorga tanto equilibrio como auxilio. Pero acapara demasiado protagonismo de forma involuntaria; sin un organizador --Inler no ha dado un pase vertical en todo el torneo-- o un trescuartista que despunte en el juego interior, la salida de la pelota corre por parte del central del Liverpool. Tropieza, entonces, con un escollo lógico: los más de 40 metros que debe recorrer el desplazamiento para alcanzar los desmarques de los compañeros avanzados.

Sin más argumentos, Kuhn dio cabida a Barnetta, vivaracho en el primer encuentro ante la República Checa, pero desdibujado frente a Turquía en el segundo. Un futbolista impetuoso, irreverente y de llegada fácil. Su entrada contra Portugal resultó primorosa y revolucionó el duelo. A punto estuvo de batir a Ricardo en la primera pelota que tocó, en la segunda asistió a Inler, ¿lanzó al palo?, y en la tercera cruzó en exceso su remate. Luego encontró a Derdiyok, que asistió al hueco y Yakin la envió al fondo de la red.

Replicó Portugal como sabe, con el ataque por las bandas: Nani recibió de Veloso y estampó el balón contra el poste; Quaresma culebreó en la frontal del área y su disparo lo rechazó con los puños Zuberbühler. Pero fue Barnetta quien puso la puntilla, al provocar un penalti. Yakin, que ha marcado los tres goles de Suiza en el torneo, no erró. El anfitrión se dio una alegría al tiempo que Portugal aguarda en los cuartos de final al segundo del Grupo B: a Alemania, Austria o Polonia.