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El zurdo español Rafael Nadal acaba de dejar otro “cadáver” al lado de la red en el torneo de Queens, que se juega en hierba, terreno que supone problemas para él.

No fue así. El dificilísimo serbio Novak Djokovic, dueño de un juego aparentemente glacial, pero de geometría deslumbrante, cambios de metralla violentos y certeros, y capaz de aplicar colocaciones de pelotas desesperantes, fue la víctima del poderoso tenis de Nadal.

Ganador del Abierto de Australia, Djokovic, número tres en el ranking mundial, ofreció su mejor tenis contra el fiero Nadal, ganador del Abierto de Francia y todavía número dos, pese a que el suizo Roger Federer todavía no consigue triunfos significativos en este 2008 que le está resultando muy amargo.

Con su gran demostración en hierba, imponiéndose 7-6 y 7-5 a Djokovic, mostrando dominio en todas las superficies y con Wimbledon en la vuelta de la esquina, Nadal le pregunta a los expertos: ¿quién es el jefe?
Un gran partido, para verlo de pie, empinado, comiéndose las uñas, con Nadal y Djokovic defendiendo sus servicios a hierro y fuego, con todo lo que tenían en el brazo, el corazón y la cabeza, manteniendo la alternabilidad en la pizarra, hasta que Nadal obtuvo unos gramos de inspiración agregándolos a su reconocida garra, para imponerse en un tie-breaker electrizante.

En el segundo set, tan intenso, desgastante e incierto como el primero, Nadal consiguió los golpes más destructivos en los momentos de mayor tensión, apoyándose en esa dureza mental que le permite disponer de una confianza exuberante para tomar riesgos con diferentes tipos de atrevimientos.

¿Qué jugador puede robarle la iniciativa a Nadal? Incluso desde las posiciones más incómodas, Nadal trata de mover al adversario y mantenerlo a la defensiva. La mayor parte de veces que Djokovic se arrimó a la red, observó cómo Nadal se las arreglaba para venir desde atrás, enviar pelotas difíciles y definir apuntando a los huecos con singular maestría.

Aguantar la rotunda potencia del español es un reto mayúsculo por la presión que coloca encima del rival, casi sin pausas. Poco propenso a los errores, Nadal te mantiene en el fondo y corriendo como un sprinter, más preocupado por devolver que por agredir.

Djokovic supo usar su servicio para aplicar variantes ofensivas interesantes, pero no pudo sobrevivir a los dos cierres de set, cuando Nadal, crecido, resolvió con seguridad, luciendo como el número uno del mundo.


dplay@ibw.com.ni