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Otro milagro turco concretado vía tiros de penal 3-1 después de 1-1 en 120 minutos de batalla. No, no es posible. A menos que Aladino tenga cédula de Turquía y les haya facilitado su “lámpara”.

El gol de Klasnic faltando dos minutos para la angustiosa prórroga, colocaba a Croacia en semifinales y dejaba a la voluntariosa y corajuda Turquía en la morgue de esta Euro. De pronto, en un instante, “el muerto” estaba de pie. Gol de Semith Senturk, robándole tiempo al tiempo, establecía el empate, y en la definición por los tiros de penal, el “cadáver” era otro, el de Croacia.

¡Diablos! ¿Cómo pudo ocurrir eso? No lo sabemos, pero simplemente ocurrió.

En el corto trayecto de dos minutos, Croacia estuvo tan cerca, y finalmente quedó tan lejos, que el paso de lo glorioso a lo grotesco pareció durar una eternidad.

¿Quién esperaba la resurrección de Turquía con dos minutos pendientes? No era tema para discutirse ni siquiera en una convención de dementes. Pero los turcos demostraron ser capaces de escalar el Everest descalzos.

En un juego de dominio alterno, con Turquía presionante en el inicio, para cederle el control remoto del juego a Croacia y después recuperarlo, sólo para volverlo a perder mientras transcurrían los 90 minutos, hubo dos momentos trascendentales que los frustrados fanáticos croatas deberían meter dentro del hielo:
1) Sobre el minuto 18 ingresa Modric por la derecha, en motocicleta, envía un pase rasante fuera del alcance de tres defensas que se movían hacia el balón como las columnas de una pared acelerando. Llega Olic y sin necesidad, le pega con la derecha con violencia en la frontera del área chica, estrellando la pelota en el horizontal. Todavía hubo espacio y tiempo para el cabezazo de Kranjcar, libre de marca, pero la echó afuera, como una burla del destino.

2) A los 89 Olic otra vez, recibiendo desde la derecha y soltando ese taponazo que buscaba, cargado de veneno, el ángulo superior izquierdo de la cabaña turca. En un alarde de reflejos, capacidad de vuelo y certeza, el arquero Rustu sacó la pelota con las uñas de su mano derecha.

En la prórroga, jadeando y cojeando, con los pulmones resoplando, pero aferrados a una intensidad impresionante, el cero-cero se prolongó hasta el minuto 118, cuando ocurrió el gol de Klasnic de cabeza, rematando centro de Modric, con Rustu perdido en la jungla después de una salida irregular.

Nunca den por muertos a los turcos, ni siquiera faltando tan poco. Ellos siguieron conectados a los tanques de oxígeno y empataron asombrosamente con el gran disparo de Senturk, junto al palo izquierdo. En ese momento se detuvo el planeta.

Y en los penales, la muerte de Croacia tuvo tres rostros, los de Modric, Rakitic y Petric, que fallaron sus penales, el último de ellos atajado por Rustu, en tanto Turman, Senturk y Altintop, fusilaban a Pletikosa, cambiando el “cadáver”.