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Había que verlo para creerlo: Rusia golpeó a Holanda, hirió su orgullo y domó el mármol de su inmenso favoritismo con flexibilidad, seguridad y determinación, imponiéndose 3-1 y avanzando a semifinales de esta Euro 2008.

Diría Rubén: fue como si un gran vuelo de cuervos manchara el cielo naranja. Y es que el poderoso soplo del equipo ruso, barrió con la tan promocionada superioridad de Holanda. Esa victoria por 3-1, “decapitando” las pretensiones de la tropa de Van Basten, fue sencillamente fabulosa. No se puede jugar mejor fútbol.

Lo que ocurrió fue sencillamente imposible de imaginar. Los rusos tomaron el balón por más tiempo, realizaron las mejores maniobras, se movilizaron con mayor propiedad, se adueñaron de los espacios más amplios, fabricaron constantemente posibilidades, convirtieron al arquero naranja, Van Der Sar, en la figura de la cancha, y finalmente, después de ver cómo Holanda salía de entre ruinas a pocos minutos del final en el tiempo regular, equilibrando el marcador 1-1, siguieron creciendo en el tiempo extra hasta clavar los goles matadores de Torbinsky y Arshavin a los 112 y 116 minutos.

¿Quién llegó a sospechar, levemente si se quiere, que frente a Holanda, el gigante de la Euro, Rusia ofrecería una lección de fútbol con solamente una doble falla en la misma acción? Fue esa mano innecesaria de Pavluchenko al minuto 85 que facilitó el centro con balón quieto, enviado frente a la cabaña de Akinfeev, quien en lugar de salir, se paralizó quedando como un espectador más del cabezazo de Van Nistelrooy, borrando la ventaja por 1-0 que Rusia trataba de cuidar como una de las joyas de Tiffany´s.

Antes, en el minuto 56, la justicia había hecho acto de presencia con la escapada de Samak por la izquierda, su llegada cerca del fondo, el centro a media altura, y la entrada de Pavlucheenko pegándole a la pelota con la zurda, metiéndola entre Van Der Sar y el poste. El Estadio se hinchó. Rusia, después de tanto esfuerzo, de tanta arquitectura, ganaba 1-0.

En el momento de mayor angustia, Rusia por poco queda con 10 hombres antes del alargue, cuando le mostraron una segunda tarjeta amarilla a Kolodin, pero el árbitro rectificó y anuló su decisión.

El gol de Torbinsky, producto de un centro desde la izquierda del incansable e incidente Arshavin, fue golpeando la pelota con su botín zurdo cuando se acababa todo el espacio disponible, en una acrobacia admirable a los 112 minutos. ¡¿Cómo lo logró?! No lo sabemos. ¿Preguntémosle sobre eso a Newton?
Y luego, el gol del formidable Andrei Arshavin a los 116, aprovechando una entrega de manos desde la banda derecha de Aniukov, avanzando y disparando con la pelota desviada ligeramente por un defensa, pasando entre las piernas de Van Der Sar. En ese instante, la cabeza de Holanda rodó por el piso.

Seguramente, un gigantesco póster de este equipo ruso amaneció en la Plaza Roja con un Lenin sonriendo.