•  |
  •  |
  • END

MADRID.- La provocación de Materazzi a Zidane durante la final del último Mundial, fue la última de las artimañas italianas. La extrema competitividad de los “azzurri” se ha plasmado en diversos incidentes a lo largo de la historia. Y España, su próximo rival en cuartos de final, tampoco ha sido ajena a estos subterfugios.

Pocos recuerdan el caso de la Copa del Mundo de 1934, disputada en Italia, y donde la selección local, bajo la atenta mirada de Benito Mussolini, terminó conquistando el primero de sus cuatro títulos mundiales. El duelo más intenso llegó en cuartos de final ante los españoles, donde se tuvo de recurrir a un partido de desempate.

Una batalla terrible
El primer duelo, disputado en Florencia, fue uno de los más violentos de la historia del fútbol. Los visitantes se adelantaron a la media hora con un gol de Regueiro, pero justo antes del descanso, el árbitro belga Lois Baert no señaló una falta clara sobre Ricardo Zamora en el tanto que supuso el empate de Ferrari.

Las patadas de los italianos provocaron siete lesionados: Zamora (con dos costillas rotas), Ciriaco, Fede, Lafuente, Iraragorri, Gorostiza y el goleador Lángara, por lo que el cuadro de García de Salazar acudió muy mermado al partido de desempate.

Sólo 24 horas más tarde Italia se impuso por la mínima con un temprano gol de Giuseppe Meazza. Sin embargo, el colegiado suizo Rene Merced, anuló un gol español por un dudoso fuera de juego. Ya en semifinales, los “azzurri” derrotaron a Austria (1-0), pero el árbitro sueco, Ivan Eklind, no vio una clara falta sobre el portero visitante en el gol de Guaita.

La nariz de Luis Enrique
Tuvieron que pasar 60 años para que ambos rivales volviesen a verse las caras en la fase final de la Copa del Mundo. En el Estadio Foxboro de Boston, la selección de Javier Clemente vivió uno de sus reveses más amargos, tras caer en el cruce de cuartos (2-1) con un gol postrero de Roberto Baggio.

Los españoles firmaron una de sus mejores actuaciones, pero se vieron perjudicados por el árbitro húngaro Sandor Puhl, que dejó sin castigo un codazo de Fabio Tassotti sobre Luis Enrique en el área, cuando no quedaba tiempo para más. La rabia española quedó reflejada en el rostro del asturiano, bañado en sangre tras la agresión.

La repetición de la final en 1968
Las decisiones de los jueces también favorecieron a los italeanos en la Eurocopa de 1968, la única que figura en su palmarés y donde también eran organizadores. En la final, disputada en el Olímpico de Roma, el árbitro Gottfried Dienst fue duramente criticado por su caserismo.

Curiosamente, el suizo también dirigió la final del Mundial de 1966, cuando concedió el gol inglés de la victoria y en realidad la pelota no había superado la línea. Dos años después, volvió a acaparar los focos tras pasar por alto un penalti de Ferrini sobre Pavlovic.

El tanto de Džajić poco antes del descanso puso en lo peor a la hinchada local, y a sólo 10 minutos del final, Domenghini logró las tablas en una acción precedida por una falta inexistente. Hasta Dino Zoff, entonces con 26 años, reconoció que ese encuentro no lo habían merecido empatar.

Dos días después, en la única repetición de una final en la historia, el cuadro de Ferruccio Valcareggi se impuso con claridad, con Luigi Riva y Sandro Mazzola de estrellas (2-0). Los yugoslavos, un equipo muy joven, acusaron la fatiga. Curiosamente, el segundo capítulo de esa controvertida final, fue dirigido por un español: Ortiz de Mendíbil.