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BASILEA
Si el resultado de los dos primeros cuartos fue de alguna manera sorpresivo, con las victorias de Alemania y Turquía, el triunfo de Rusia sobre Holanda en el tercer enfrentamiento de los cuartos de final de la Euro 2008, disputado en esta ciudad suiza, representa seguramente un batacazo y transforma al equipo de Europa Oriental en la revelación absoluta del torneo; porque Rusia ganó con las armas que todos les reconocían a sus rivales: el fútbol bonito y la efectividad ofensiva. El entrenador, el holandés Guus Hiddink, le ganó claramente la pulseada táctica al más joven colega y compatriota Marco Van Basten, porque su equipo pudo imponer su juego y sus ritmos, quitándoles el balón a los holandeses y dominando el match mucho más allá de lo indicado por el marcador, con un juego realmente espectacular y goles muy lindos.

En efecto, Rusia no debería haber necesitado de los alargues: dominó en el primer tiempo, se puso en ventaja a comienzos del complemento con Román Pavlyuchenko y tuvo varios chances para liquidarlo; pero se dejó alcanzar, en su única distracción defensiva, por el tanto del sólito Ruud Van Nistelrooy a 4 minutos del final, que la obligó a ir a los tiempos suplementarios.

Sin embargo, en los alargues dominó a sus anchas, mientras los naranjas parecían apostarles a los penales, y atrapó un merecido triunfo con los tantos de Dimitri Torbinskiy y de Andrei Arshavin, por lejos la figura de la cancha.

Rusia jugará la segunda semifinal programada para el próximo jueves en Viena, ante el adversario que resulte del choque de mañana, también en Viena, entre España e Italia, y que completará los cuartos de final del torneo. Pero ahora veamos más en detalle lo ocurrido en el match.

Impuso el ritmo
Holanda bajó a la cancha con todos sus titulares, los que habían descansado en el último partido de la primera fase ante Rumania, parada como siempre con el 4-2-3-1, en el que Kuyt, Van der Vaart y Sneijder, se movían detrás del único delantero: Van Nistelrooy. Rusia también repitió el esquema anterior, el 4-4-1-1, que pudo emplear con la vuelta de Arshavin (no pudo estar en los dos primeros partidos por suspensión y le cambió realmente la cara al equipo con su regreso), esquema en el que el propio talentoso volante ofensivo del Zenit se movía detrás del único delantero: Pavlyuchenko.

Desde un comienzo quedó muy claro el duelo táctico planteado entre los dos entrenadores holandeses: Van Basten quería que su equipo desarrollara el juego acostumbrado, con gran velocidad y aprovechamiento integral de todo el ancho de la cancha, conseguido con amplios cambios de frente y aleros muy recostados sobre los laterales; mientras que el negocio de Hiddink era el de mantener el ritmo bajo, para que las aceleraciones verticales de sus hombres lastimaran más y, lo que más cuenta, para que Holanda no pudiese correr como le gusta.

La idea, entonces, era la de esconderles la pelota a los holandeses, y Rusia lo logró muy bien por dos motivos: en primer lugar, porque tiene jugadores muy técnicos que, si pueden jugar sin apuro, saben cuidar muy bien el esférico y, por otra parte, porque los holandeses estaban muy lejos de su mejor nivel y lucían muy poco precisos en aquellas contadas veces que lograban hacer correr el balón.

Así, desde un comienzo Rusia, que tenía mucho más claro a qué estaba jugando y gozaba con la ventaja psicológica de quien siente que está logrando lo que buscaba, fue mucho más peligrosa y en pocos minutos sumó varias ocasiones de gol. Van der Saar tuvo que esforzarse para enviar al córner el zurdazo con el que Zhirkov había ejecutado un tiro libre desde la derecha, y luego miró inmóvil cómo Pavlyushenko cabeceaba apenas desviado, luego de una hermosa iniciativa de Arshavin por derecha.

En efecto, el pequeño y talentosísimo volante ofensivo ruso era el problema que jamás los holandeses lograron resolver: cambiaba el ritmo, producía las aceleraciones, lograba saltar el hombre en velocidad para crear la superioridad numérica.

En cambio, los holandeses no brillaban y crearon sus peligros en jugadas de pelota parada, como cuando Van der Vaart ejecutó un tiro libre desde la derecha y Van Nistelrooy estuvo a un centímetro de poder desviar el balón al gol.

El juego se equilibró bastante, pero las caras decían todo: Van Basten lucía preocupado y se metía las manos en la cabeza, mientras que Hiddink sonreía contento.

De hecho, Van der Sar fue obligado a lucirse y sólo por su gran actuación el marcador se mantuvo equilibrado; como cuando sacó, con la punta de los dedos, el derechazo cruzado al segundo palo desde la izquierda de Arshavin, o cuando logró enviar al córner el bombazo terrible del defensor Kolodin, uno que tiene una derecha tremenda y no se avergüenza para probar cada vez que tiene la ocasión de hacerlo.

Los goles
Pero el pobre Van der Sar nada pudo cuando, a comienzo del complemento, Semak corrió muy bien por izquierda hasta el fondo y metió el centro rasante que Pavlyuchenko, en perfecto anticipo, mandó a guardar con una bolea de zurda realmente espectacular y técnicamente muy apreciable.

A esa altura, Van Basten ya había movido el banco, con los ingresos primero de Van Persie por Kuyt, absolutamente desconocido, y luego de Heitinga por Boulahrouz, evidentemente un error porque tres minutos después, de ese lado, llegó la jugada del gol.

Por último, Van Basten dispuso el ingreso de Afellay por Engelaar, uno de sus mejores jugadores en la primera fase: claramente, el entrenador se daba cuenta de que el equipo no andaba y quería encontrar la solución.

Pero jamás lo logró: el partido ya se jugaba sobre el terreno táctico elegido por los rusos y, si bien Holanda buscó generosamente el empate, con mucho coraje y empuje, Rusia no tuvo grandes problemas para defenderse y lastimar en contragolpe.

Así, las únicas ocasiones para los holandeses fueron remates desde la larga distancia, especialmente de Sneijder (lo que es el fútbol: en el minuto final del partido ante Francia, marcó un golazo espectacular para el inútil 4 a 1, hoy los remates le salieron siempre mordidos), mientras que cada contraataque ruso sembraba el pánico en la defensa naranja.

Al final, Holanda logró la igualdad que a esa altura ya nadie se esperaba, con su gran goleador: Sneijder ejecutó un tiro libre desde la izquierda en forma de centro y Van Nistelrooy, por el segundo palo, la mandó a guardar con un cabezazo a quemarropa. El empate no era merecido, pero la impresión general fue que Holanda, pasado el gran susto, atraparía el triunfo en los alargues.

La gran figura
Nada que ver, realmente. Si hubo un equipo que siempre creyó en el triunfo, ese sin duda fue Rusia, mientras que Holanda, como quedó dicho, pareció decidida a apostarle a la lotería de la definición por penales.

La verdadera carta del triunfo rusa fue el increíble Arshavin, quien si antes había sido el mejor en la cancha, en los alargues pareció realmente un jugador de otro planeta. Así, él sólo creó innumerables peligros para el arco holandés y Rusia tuvo varios chances para ponerse en ventaja ya en el primer tiempo suplementario.

Por ejemplo, armó el contraataque que Pavlyuchenko concluyó con un derechazo violento que reventó el travesaño, y lo dejó mano a mano a Torbinskiy, pero el volante remató muy débilmente y Van der Sar pudo lucirse otra vez.

Pero en el segundo suplementario la defensa holandesa levantó bandera blanca, derribada por las iniciativas imparables de la gran figura de la cancha. Un botón de muestra fue el segundo gol: como ya había hecho varias veces en el partido, Arshavin se fue por izquierda sin que nadie pudiera pararlo, llegó hasta el fondo y metió el centro pasado para el ingreso por el segundo palo de Torbinskiy, quien apenas tuvo que tocarla para mandarla a guardar.

En ese momento Holanda se derribó totalmente y sufrió el tercero de manera muy infantil: Anyukov ejecutó un saque de banda desde la derecha directamente al área, toda la defensa durmió y Arshavin, quien no podía estar en off side, a pesar de estar claramente adelantado porque el balón llegaba desde el lateral con las manos, venció a Van der Sar con un remate que se metió entre las piernas del arquero, cosechando así el merecido premio personal por una performance inolvidable. En suma, Rusia fue un justo ganador, ante una Holanda que en ningún momento supo proponer ese juego brillante y ofensivo que la había caracterizado en la primera fase: esta vez, todo el brillo fue para Rusia.