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¿Recuerdan el 4-2-4? Por supuesto, y fue Brasil el equipo que mejor provecho le sacó y más popularidad le inyectó a ese flexible sistema de juego, en el cual los punteros y marcadores laterales se convirtieron en piezas claves. Desde Nilton Santos hasta Carlos Alberto, Brasil produjo una serie de laterales que agregaban a su destreza defensiva, una sorprendente facilidad para pasar al ataque en forma fulgurante y decisiva.

Los italianos todavía están aturdidos por el gol que logró Carlos Alberto cerrando las cortinas del Mundial realizado en México en 1970. Nadie lo vio proyectarse desde el fondo de la defensa brasileña, pocos lo vieron pasar vertiginosamente por el centro de la cancha y no muchos se percataron del impresionante taponazo que sacudió las redes del eficiente arquero Enrico Albertossi.

Pero la verdadera revolución la provocó Holanda en el Mundial del 74 cuando con Cruyff y Rosenbrink, al frente del oleaje, presentaron el fútbol total. Sólo la enérgica marcación y exuberante fortaleza física de los alemanes, que contaron con el talento, la vitalidad y destreza de Beckembauer, los cortes y proyecciones de Vogts y Breitner, más la serenidad de Overath en el medio, pudieron anular el ímpetu destructivo de Neeskens, Van Hanegem, Cruyff y Resenbrinck.

A un lado de la dolorosa derrota por 2-1 sufrida por Holanda, el mundo quedó gratamente sorprendido por "la nueva revolución", ese fútbol vertiginoso y cambiante, capaz de provocar torbellinos en cualquier sector de la cancha a base de rotaciones permanentes, prontitud de relevos, velocidad y precisión, acoso constante en el área y desbordes desconcertantes.

Hoy, con los holandeses de nuevo en pie de guerra, aparece en escena este fútbol ruso de movimiento incansable, con rápido entendimiento en triangulaciones y contragolpes, excelente manejo de balón y firme cierre de espacios aplicando intensa presión. Aquel Holanda del 74 fracasó a última hora en 1978 frente a la inspiración de un equipo argentino, y tuvo que esperar hasta la Eurocopa del 88, con Gullit, Rijkaard y Van Basten para volver a mostrar la afilada dentadura.

Y en eso estaba la maquinaria naranja en la Euro de 2008, desequilibrando y goleando, mostrando un equipo de reservas tan bueno como el titular, provocando admiración y capturando el favoritismo, cuando Rusia, con un fútbol muy práctico e incontrolable, generado por la gama de habilidades de Andrei Arshavin, la solidez y punch de Denis Kolodin, los desbordes de Pavlyuchenko, las proyecciones de Yuri Zhirhov, las apariciones de Torbinsky, el accionar de Saenko y Semshov, y la seguridad que proporciona Ignasevich en el fondo, encontró el antídoto y les apretó las tuercas.

Tanto que Van Der Sar dio la impresión de ser un titán entre los palos, mientras Holanda, sorprendentemente, se arrugaba, cedía pelota y espacio, y era vencida luego de ser superada en todos los sectores. ¡Cómo impresionó ver funcionar a Rusia con la precisión de un reloj de suizo! Fue como estar en presencia de una nueva revolución, algo siempre saludable en la provocación de transformaciones.

Ya veremos cómo puede funcionar frente a España buscando un ajuste de cuentas.