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Basilea

El País/Madrid.- El entrenador de Alemania, Joachim Löw, contrario al grito y a la improvisación, es un extraño en una Bundesliga caduca; fue despedido del Stuttgart por ser "poco autoritario con sus jugadores"; pertenece a “la fábrica de las ideas”, bandera del progresismo futbolístico germano; el seleccionador dispone de un equipo que procesa vídeos y revisa las tácticas. Löw tampoco escapa, obviamente, a la crítica de los mitos del país. La diferencia es que todavía no le han descalificado y, mientras tanto, se ha ganado el respeto popular.

A diferencia de personajes como Beckenbauer, Müller, Maier, Rummenigge, Netzer, Overath o Magath, futbolistas que popularizaron el juego en Alemania, el currículo de Löw es corto y poco relevante. Ex delantero de equipos como el Friburgo, el Stuttgart, el Eintracht o el Winterthur, se retiró después de que Ray Clemence le partiera la pierna en 1995. Entrenó después a equipos suizos, austriacos y turcos (Fenerbahçe y Adanasport) y dejó huella en el Stuttgart (1996-97) antes de ser despedido por "ser poco autoritario con sus jugadores".

Löw no es arrogante ni populista, sino culto, educado, agradable. Tiene su propia tienda de ropa en Friburgo, le gusta tomar un vaso de vino antes de acostarse y es un buen conversador. Le avala el método frente al grito y la improvisación, circunstancia que lo convierte en un extraño frente a los defensores de la Nationalmannschaft y de una Bundesliga caduca y sometida a la dictadura del Bayern Munich. Ocurre que nunca pareció un frívolo ni un revolucionario y, por tanto, los más conservadores aún le perdonan la vida a la espera de los resultados.

De la rugosidad y agresividad de los técnicos alemanes más convencionales se ha pasado a la voz delicada y a la suavidad y, en vez del discurso personal y motivador de Klinsmann, se prefiere el trabajo científico y colegiado de Löw. Nada mejor que su sobrenombre para contextualizar su papel. Le llaman Jogi, se supone que por una cuestión de sonoridad y porque le encantan los juegos antes, después y durante los entrenamientos, y es un buen practicante del yoga. Alemania no es ajena a la metodología que Klinsmann incorporó del fútbol americano y del baloncesto, propuestas que Löw ha perfeccionado con especialistas.

El equipo técnico funcionó como un reloj en la fase de clasificación, Alemania fue la primera selección en sellar su billete para Suiza y Austria y le renovaron el contrato a Löw hasta 2010, de manera que su derrota contra Croacia y su mal partido ante Austria dispararon las alarmas. Hasta Löw perdió por un momento los nervios, fue expulsado del encuentro con los austriacos y, de forma jocosa y anónima, le dejaron un calmante en la mesita de noche antes de enfrentarse a Portugal.

Alemania recuperó su fiabilidad frente al equipo de Cristiano Ronaldo después de que cada uno de los miembros del Bergtour 2008 diera con la tecla. A partir de un 4-5-1, Löw llenó la divisoria con centrocampistas, con Ballack liberado y Schweinsteiger y Podolski atacando por los costados, y Portugal fue abatido por tierra y por aire. Así que Löw pudo celebrar los goles en la jaula de cristal en la que fue recluido con todo el entusiasmo que se merecía un partido de cuartos de final. Alemania mezcló modernidad y tradición, unió a Löw y Matthäus y fulminó a Portugal. Turquía aguarda en las semifinales y pocos alemanes conocen mejor a los turcos que Löw, ex entrenador del Fenerbahçe y el Adanasport.