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Tiger Woods se perderá el resto de la temporada (como mínimo) por una rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda, y su lesión ha despertado sentimientos de todo tipo. El primero, de admiración. ¿Cómo ha soportado competir cinco días seguidos, 91 hoyos, en el Open de Estados Unidos cuando estaba prácticamente cojo, hasta ganar en el desempate a Rocco Mediate? Su gesta sólo se explica por una fortaleza física y mental inigualables y por su deseo de levantar su 14º título grande a pesar del dolor. El segundo sentimiento es de alivio. Unos meses sin la tiranía del que es el número uno del mundo en las últimas 500 semanas abren la posibilidad al resto de los golfistas del circuito. Durante su ausencia, gente como Sergio García en el Players pudo celebrar una victoria. Pese a arrastrar molestias en la rodilla en los últimos diez meses, después de lesionarse mientras corría, Woods ha ganado cinco de los siete torneos en los que ha participado este año. La tercera consecuencia, más reflexiva, dibuja el pesimismo para un deporte que pierde a su gran reclamo publicitario y su mayor fuente de ingresos.

Woods, de 32 años, suele jugar 18 de los 47 torneos que se disputan al año en el circuito norteamericano. Su presencia asegura el doble de audiencia que la registrada en una competición sin él. Las cadenas estadounidenses NBC y CBS han calculado que perderán entre un 10% y un 20% de audiencia por su baja, y Golf Channel hasta un 30%. El desempate del Tigre con Mediate por el US Open, que se disputó un lunes, congregó ante los televisores a más de 16 millones de espectadores, el mejor registro de la NBC en los últimos 30 años. Los patrocinadores, mientras tanto, ya han asumido pérdidas millonarias pese a que las cadenas de televisión deberán emitir por contrato algunos anuncios de manera gratuita si los torneos no alcanzan un número concreto de espectadores. "Su ausencia tendrá un efecto negativo, está claro, pero el golf deberá sobreponerse a eso", explicó estos días Arnold Palmer, una de las primeras estrellas televisivas de este deporte.


Los médicos que operaron a Woods aseguraron que la recuperación del Tigre se alargará entre un mínimo de seis meses y un máximo de 12. Era la tercera vez que Woods, el deportista más rico del mundo, el golfista que gana más de 50 millones de euros al año, pasaba por el quirófano para ser intervenido de la rodilla. La primera fue en 1994, debido a un tumor benigno, y la segunda en 2002, para extraerle líquido sinovial. Pese a la lesión, Woods jugó renqueante el Masters de Augusta y pasó por el quirófano a la semana siguiente. Dos meses después, quizá presionado por su ausencia, volvió a competir en Estados Unidos. Hasta que no pudo más y dijo basta. A la rotura de ligamentos se ha unido una doble factura de la tibia por estrés. "Aguanté en el Open por respeto a la organización. Ahora no tengo presión por volver. Me centraré en la rehabilitación de la rodilla", dijo Woods tras la operación. Los aficionados admiran su resistencia. Los rivales ven un hueco para maquillar su palmarés. El negocio, eso sí, se prepara para caer en picado.