Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
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Desde su firma con los Mets de Nueva York en junio de 2000, Luz de Jesús Portobanco Veliz mostró el carácter que le caracterizó dentro y fuera del campo hasta su deceso.

Fue un pelotero agresivo. No sólo intimidaba a sus rivales con sus envíos por encima de 90 millas --algunos hasta 95--, también agregaba “veneno” a sus lanzamientos cuando quería sacar de paso a algún bateador que le estaba creando problemas.

“Portobanco era de esos lanzadores bravos, temibles, que si era necesario meterle la bola a uno que era su amigo pero estaba en el equipo contrario, lo hacía sin dudar”, recuerda Omar Cisneros, quien fue su manager en la Selección Nacional en los Juegos Panamericanos de Rio de Janeiro de 2007 y en el San Fernando de la Liga Profesional.

De esa selección varios peloteros recuerdan cuánto comentó Portobanco desde que se subió en el avión rumbo a Rio, que siempre había soñado desde niño enfrentar a Cuba en un partido oficial como en los Panamericanos, y fue tal su insistencia que se le acercó a Omar para decírselo antes que el equipo partiera a Brasil.

“Quiero el juego contra Cuba”, le dijo con determinación a Cisneros en el avión.

El chance de lanzar a Cuba llegó en semifinales y no dudó en pedir la pelota, y aunque no abrió porque Omar tenía otros planes con él, entró al relevo de Jairo Pineda y tuvo a los isleños sin carreras en cuatro episodios, hasta que le hicieron dos en el séptimo.

Se vio como un guerrero ante jugadores como Frederich Cepeda, Osman Urrutia, Yulieski Gourriel, Ariel Pestano, Giorvis Duvergel y el ahora Grandes Ligas, Alexei Ramírez, entre otros, a pesar que se perdió al final 4x0.

“Antes del juego con Nicaragua, él se fue a ver jugar a Cuba e hizo un scouteo, bateador por bateador, para dominarlos cuando se enfrentará a ellos, porque sólo de eso hablaba. Así era con una determinación increíble cuando se lo proponía”, explica Cisneros.

Luego de esa actuación, los Filis de Filadelfia se mostraron interesados en ofrecerle un contrato de Triple A, pero por los reportes que habían sobre él en Nicaragua, hizo que esa organización desistiera en hacer efectiva la oferta.

“De todo se dijo y eso lo supieron los Filis: que era loco, indisciplinado, tomador, pleitisto. El reporte de varios scout que trabajan en Nicaragua incidió en la decisión de la organización”, dijo mentor del Matagalpa.

En muchas ocasiones se le escuchaba a Portobanco quejarse que por su irresponsabilidad lo votaron de los Mets de Nueva York en 2006 cuando jugaba en Doble A, al máximo nivel que llegó con esa organización mientras compartió equipos con José Reyes, Mike Jacobs, el zurdo Scott Kazmir y David Wright.

A veces esa actitud agresiva en el campo lo sacaba de control fuera del mismo. Se le acusó de algunos escándalos en León y Chinandega. Se le conoció por tomador, de mucho trasnochar, y se decía que cargaba hasta en el terreno de juego una pistola nueve milímetros, de la que se informó extraoficialmente, portaba a la hora del accidente.

“Tenía su carácter sólo si te querías meter a problema con él. Pero era buen amigo, incondicional. Un gran lanzador que se fajaba con cualquiera para que su equipo ganara. Todos lo respetábamos por eso”, dijo Sandor Guido, uno de sus mejores amigos y compañeros de equipo en el León, la selección y actualmente en el Bóer.

Portobanco fue un pitcher pensante en la loma, de una recta considerable, slider respetable y buena curva, pero con un carácter explosivo que lo sacaba de control cuando se dejaba atrapar por las emociones. Y hasta el último momento vivió la vida con mucha intensidad.