Martín Ruiz
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Julio Sánchez estaba consternado por la noticia. Luz Portobanco era su lanzador para el juego de ayer contra el Matagalpa, pero el destino le hizo un viraje que le privó de un futuro halagador.

“Aquí hay pocos peloteros con ese carácter y agresividad en la colina. Por su forma de ser inspiraba miedo y respeto, y aunque era un tanto descontrolado, tenía su talento”.

“Pero aunque lo veían agresivo, y a muchos no les caía bien, había que entenderlo. De por sí era una persona tímida, porque se crió solo, y tenía ciertos problemas. Los que lo contrataron aquí sólo lo vieron como pelotero, pero no se le dio atención humana, ayudarle a que limpiara su nombre e imagen intimidante que mostraba en el terreno. Con nosotros era abierto, escuchaba consejos y se llevaba bien con sus compañeros, especialmente desde su llegada al equipo, en que hizo un buen trabajo”, señala Sánchez.

“Cuando lo contratamos para jugar con nosotros en la segunda vuelta, aceptó el reto, porque le gustaban las grandes empresas. Eso lo vimos con la Selección en Rio de Janeiro, cuando pidió la bola para tirarle a Cuba, y aquí vino a ganar con el Bóer en la segunda vuelta. De los diez juegos que hemos ganado, él había asegurado tres, estaba en el juego”.

Sánchez explicó que el viernes Joseph Mendoza habló con Portobanco para que reconsiderara la posibilidad de continuar en el equipo, ya que le habían llegado buenas ofertas. Por medio de Willie Lebrón consiguió una oportunidad para lanzar en Japón, pero debía irse la próxima semana. Es por eso que su mamá estaba por acá, y también para que entrenara a un sobrino que iba a ser drafeado.

Como policía, Julio analizaba las circunstancias que pudieron provocar el accidente en que perdió la vida Luz Portobanco. Por su soledad tenía una vida ligera, muchas veces sin una meta fija, y era temerario al conducir. Por eso andaba con un chofer, pero el viernes manejaba solo.

Exceso de velocidad, un animal en el camino, alguien que te ponga las luces altas y te ciegue, o que se haya dormido, pudieron influir en este drama que enluta a la familia beisbolera.

Este suceso impacta notablemente porque le sucede a un pelotero que estaba en el pináculo de su carrera en el béisbol local, a como pasó con Duncan Campbell, quien falleció en la carretera a Masaya en 1969, después de haber brillado en la pelota profesional nica.