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Desde siempre, Wimbledon ha sido la Catedral del Tenis. Ganar ahí supone la inmensidad; sentirse Alejandro, César o Napoleón, con una raqueta en la mano.

El color que domina es el blanco, elegantemente impecable. El silencio es obligado, como en una iglesia, para poder escuchar con la necesaria fineza cada estocada implacable.

El zurdo español, Rafael Nadal, un auténtico “pura sangre”, impulsado por una fiereza mueve montañas, dueño de un tenis terriblemente destructivo, nunca ha ganado ese torneo.

Lo hará hoy contra el suizo Roger Federer, para muchos el mejor “pistolero” visto en una cancha; un arquitecto con la genialidad de Calatrava, con un pincel magistral como el de Rafael, capaz de maniobras imposibles, de cambios de ritmo asombrosos, de diagonales mágicas.

Federer, un cinco veces ganador de Wimbledon, teatro en el que se presentó como un chavalo irreverente derrotando a Pete Sampras, uno de los dioses del Olimpo, consiguió tal crecimiento, que hace año y medio fue considerado insuperable, un mito.

De pronto, mientras se apagaban las luces de 2007, Federer perdió su magia y se volvió vulnerable. Siempre bueno, pero no intocable. Falló en Melbourne, en Miami, en París, y ahora pretende volver a impactar con su sexto Wimbledon consecutivo.

“Antes de ponerse en marcha el certamen, mi favorito era Nadal, pero con lo que he visto hasta hoy, regreso con Federer”, dice con solemnidad el sueco Bjorg Borg, cinco veces ganador en Wimbledon.

Pienso que hoy será el gran día de Nadal: su primer triunfo en la Catedral, la mayor presión sobre Federer en la difícilmente entendible lucha por el número uno, la ratificación de una temporada excepcional en 2008.

¿Por qué creo que ganará Nadal? Por su poderío casi avasallador. Sólo jugando un tenis perfecto como espera Borg, podrá Federer escapar a ese demoledor golpeo al cuerpo que impone Nadal… Por la rapidez y vigor de sus piernas. Federer tiene mejor colocación, pero el alcance de Nadal es impresionante. Puede salir adelante de un tren en marcha para responder con un revés cruzado, por su mayor seguridad tomando riesgos.

En balaceras tan equilibradas, el más atrevido gana, y en eso Nadal no es segundo de nadie, por la fortaleza mental de Nadal. Tiene más dureza que Federer aunque sus corazones muestren la misma aceleración. Finalmente, por el momento que está atravesando, rugiente, deslumbrante.

La gran intriga es: ¿cómo funcionará el genio? La inspiración no tiene medida, y Federer confía en encontrarse plenamente recuperado. Ha perdido 11 veces en 17 duelos con Nadal, porque la mayoría de ellos han sido en tierra, no en hierba. Sin embargo, creo que en superficies contrarias Nadal está más cerca de Federer que el suizo de él.

Tendrá que ser el mejor de todos los Federer vistos a lo largo de cinco Wimbledons consecutivos, para poder doblegar a este Nadal revestido de una exuberante confianza, mostrando su raqueta como si fuera un machete, capaz de ir a todas las pelotas imaginables con seguridad, firme y mortífero, yendo a la red, y con un pacto diabólico con las esquinas.

Federer acumula 65 victorias seguidas en hierba y sólo registra una victoria en cinco sets el año pasado contra Nadal, en un duelo de infarto.

El deporte proporciona grandes rivalidades. Prost-Senna en Fórmula Uno; Lewis-Johnson en cien metros; Bird-Magic en baloncesto; McGwire-Sosa tumbando verjas; Ovett-Coe en los 800 metros; Thorpe-Van Den Hoogenbad en natación: Aquiles y Héctor en la Ilíada; Nadal-Federer en el tenis moderno...

¿Podrá el genio de Federer prevalecer frente a la furia destructiva y bien canalizada de Nadal hoy?
Alrededor de esa interrogante que enloquecería a Connan Doyle o a Agatha Christie, estarán girando nuestras emociones frente a un televisor que vibrará más que nunca.

dplay@ibw.com.ni