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El entorno pone al rojo vivo el choque de vuelta de la final del Torneo de Fútbol Clausura 2008, que protagonizan Real Estelí y Walter Ferreti, que serán esclavos de los 90 minutos más asfixiantes de la campaña. Le han bautizado “La Revancha”. Claro que lo es. Tiene que serlo.

Aunque el escenario es distinto, también ahí se está empezando a escribir parte de la historia, por las bofetadas que Ferreti le ha propinado en otros encuentros a los estelianos.

El de hoy es un encuentro en que el ataque tiene la palabra. La revancha tiene un significado mayor, porque está en juego el botín de la Liga. La repercusión del desenlace del partido de vuelta reposa el sueño anónimo de las estadísticas de una rivalidad que data desde 1987. Lo ocurrido en el Independencia el domingo pasado fue una afrenta a los aficionados, quienes esperaban que sus equipos se alzaran con el triunfo, pero todo terminó sin goles.

La revancha, un vigente bautizo obsoleto en la pila de la mercadotecnia, que en realidad no requiere de sobrenombres para invocar y convocar a los merodeadores de los encuentros de fútbol atractivos. Es que ésta no es cualquier revancha, porque en el entorno el orgullo está herido, y también porque de por medio está en disputa del galardón del Clausura para uno –Ferreti- y la gloria completa para los norteños.

En lo deportivo, para el cuadro de Otoniel Olivas el desafío es mayúsculo, el mayor sin duda, de los que ha ido librando en su ruta hacia el título. Tiene en Ferreti un rival bien preparado que lo venció en par de veces en la etapa preliminar, y que está dispuesto a recuperar el galardón perdido. Olivas y su grupo encontrarán un equipo enseñoreado en su pasado inmediato.

Sin embargo, en el proceso Olivas ha dejado constancia de algo: armando equipos al vapor, sin improvisar alineaciones, jugando con lo que puede, y con lo que debe; ha ofrecido agradables encuentros, algunos impresionantes.

Olivas ha cumplido. El “Tren” juega bien, somete a los adversarios, aunque luego, a veces se transforma, se desforma y se conforma. Por eso, su comparecencia hoy es especialmente importante. Porque incluso, en el despiadado tribunal del aficionado, el resultado a favor es el deseado.

Por eso existe la obligación de ganar. De nada sirve jugar bien, el deseo va más allá de eso, el triunfo se necesita tanto como un paraguas cuando el diluvio acecha.

Hoy, a partir de las 2:30 de la tarde, el Olímpico será iluminado por el brillo sonriente del que levante la corona. La historia será distinta, porque el triunfo es una ley después del empate a cero goles en el partido de ida.

Algo que debe estar claro es que Estelí será sometido por los aficionados capitalinos a una abierta hostilidad.

Al duelo le sobran aderezos, suficientes para colgarle todos los adjetivos, incluido, el apellido ostentoso de revancha, porque ésta es otra cita, en otro momento, con una trascendencia similar a la del 29 de junio. Mientras tanto y como sea, el bocado es irrechazable.

La imaginación nos hace ver un partido con Estelí dominador de la pelota y Ferreti preparado para salir ferozmente de contra. Pero en este duelo de intenciones ganará el que imponga condiciones y el que menos se equivoque.

¿Podrá consagrarse de una vez por todas la escuadra rojinegra de la capital, o nuevamente los estelianos sacarán sus credenciales de potencia nacional?
La respuesta se conocerá hoy cuando haya finalizado el duelo.