Edgard Tijerino
  •   Managua, Nicaragua  |
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Manny Pacquiao hubiera peleado del lado de Leónidas en Las Termópilas. Este filipino de 29 años funciona entre las cuerdas como un volcán activado.

Tiene 47 victorias, ha perdido tres veces, registrado dos empates y concretado 36 nocauts: la mayor atracción del boxeo actual en el repaso de todas las categorías; es un cartucho de dinamita.

Ganador de títulos en cuatro categorías, Pacquiao pelea con el alma. Necesitan arrancarle el corazón para someterlo, y su ferocidad, cuando se desborda, es incontrolable. Su reciente victoria sobre David Díaz fue tan clara, rotunda y sin complicaciones.

No le dio tiempo para nada. Le ganó cada uno de los rounds y no dejó la menor duda sobre quién es el peleador más excitante del momento.

Pacquiao es apto para cualquier tipo de imaginaciones sobre su futuro. Va directo sobre el oponente lo más pronto posible, y sus descargas violentas aflojan las tuercas de las arenas. La mejor ocurrencia, según muchos, es colocarlo cambiando metralla con Ricky Hatton. Pacquiao, quien será abanderado olímpico en Beijing, se mueve entre diferentes consideraciones, ninguna vinculada con un posible retiro. ¿Por qué pensar en eso cuando estás cursando un postgrado en derribar a todo el que te salga en el camino? Fama y fortuna caminan de la mano con este peleador encendido.

¿Recuerdan la tercera pelea con Erik Morales en 2006? La promoción fue súper-ruidosa y resultó una pelea breve y violenta; emotiva, aunque no intrigante. Hitchcock hubiera salido de la arena al finalizar el segundo round, porque era fácil en ese instante imaginar el desenlace.

El tercer asalto no llegó a terminar. Erick Morales, sentado en la lona, trataba de borrar las imágenes de lo ocurrido; pero su cuerpo crujiente, demolido por el golpeo veloz, certero e implacable del fiero filipino Manny Pacquiao, se lo recordaba con una insistencia dramática.

Hay momentos en que, pese a ser atrapado por un torbellino destructor, todavía se tiene la claridad mental para reflexionar y preguntarse: ¿tiene sentido levantarse y continuar atravesando innecesariamente por un peligrosísimo riesgo? Morales pudo disponer de ese momento, y colocando oportunamente a un lado el impulso suicida, como lo hizo Alexis frente a Pryor en la segunda batalla, se quedó quieto, pero consciente.

Pese al gigantesco esfuerzo ofrecido por Morales después de haber sobrevivido al pesaje, las diferencias en poder, velocidad de reflejos, precisión en las combinaciones, movimiento de piernas y capacidad para agobiar, quedaron establecidas desde muy temprano a favor de Pacquiao, quien las amplió en el segundo asalto, cuando con un arponazo zurdo tumbó al mexicano, rasurando bruscamente sus pretensiones, aunque sin recortar su bravura.

Peleas de Pacquiao con Marco Antonio Barrera y Juan Manuel Márquez, son inolvidables, incluso aquel triunfo por puntos sobre Oscar Larios, en Manila, en el mismo escenario que Joe Frazier y Muhammad Ali libraron aquella épica batalla. Fue una prueba de su capacidad para ejercer dominio, aún sin poder definir a base de su golpeo.

Aún admitiendo que Mayweather es el más difícil de descifrar, Pacquiao es el más excitante, implacable y destructivo, quien hace del precio del boleto una ganga.

dplay@ibw.com.ni