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Has cometido el peor pecado que alguien con pretensiones puede cometer: fallar en el momento cumbre. Dos aperturas que sin necesidad de ser grandiosas, pero sí efectivas, hubieran podido empujar a Padilla a ser incluido en el Juego de Estrellas, fueron sepultadas por un par de ruidosos derrumbes.

¡Diablos!, tienes en tus manos el futuro y no logras sujetarlo; se te escapa como una serpiente zigzagueando sobre el aceite. No hay nada que discutir, mucho menos lamentar. Fue todo tan rápido y catastrófico, como permitir 15 carreras limpias en 8 entradas y dos tercios.

Con balance de 10 y 3, agregando un aceptable porcentaje en carreras limpias con clara tendencia a mejorar, Padilla estaba metido de lleno en la pelea por llamar la atención. Pero, mientras muchos se encarrilaban, él se descarriló.

Pasó de 10-3 a 10-5, y su efectividad se deterioró tanto como un día soleado azotado por ventarrones y oscurecido por la niebla. Ese 4.70 no puede provocar la menor confianza.

¡Ah!, si no hubiese sido bateado tan impunemente, las valoraciones serían otras. Pero en estos momentos hay 35 pitcheres en la Liga Americana, entre Dustin Duchscherer de Oakland y Kenny Rogers de los Tigres, adelante de Padilla en carreras limpias; y aunque sus 10 victorias fabrican destellos, su brusca pérdida de ritmo lo sacó del marco de posibilidades.

Vicente está programado para abrir contra Anaheim, el líder del Oeste, el próximo miércoles. Ésa será su última presentación antes del Juego de Estrellas. Su adversario será Jered Weaver, con balance de 8-8 y 4.17 en efectividad.

Con sólo seis abridores y seis relevistas, las posibilidades de Vicente fueron canceladas, pero no su proyección para ir en busca de unas 18 victorias. El miércoles, en Anahein, tendrá otra vez el futuro entre sus manos. El revitalizante triunfo 11 podría tomar forma y levantar el voltaje de nuestras expectativas.