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ESPN.com

Bueno, el calendario dice que estamos en julio. Y ustedes saben lo que eso significa.

No, no es la anticipada llegada de Agib Talib al campo de entrenamiento de los Bucaneers en la NFL. No, ni siquiera es la esperada llegada de las sillas de playa a las arenas blancas.

Por supuesto, nos referimos a que estamos en el mes de fecha límite de los cambios. Un mes en el que sin lugar a dudas ustedes leerán más rumores que resultados.

Así que antes de que nos acerquemos a esa fecha, y antes de que todos ustedes comiencen a caer en la manía de creer en rumores, queremos hacer el siguiente servicio público, para recordarles lo que significa exactamente la fecha límite de cambios:

Sobrevalorada
Sí, esa palabra también está sobrevalorada. No es porque no sea divertido para ver, cubrir o analizar. Lo es, no es porque nada que traiga consecuencias realmente pasa. Porque sí pasa.

Pero, ¿saben lo que casi nunca hace la fecha límite de cambios? Que sea realmente tan importante como nos lo hacen ver los medios que la cubren de manera tan entusiasta.

Lo que explica la razón por la cual, cuando le preguntamos al gerente de los Rockies Dan O'Dowd esta semana si tenía algún consejo para todos aquellos buenos, leales, amantes del béisbol y devoradores de rumores fanáticos que están en vilo esperando a que llegue dicha fecha, he aquí cómo respondió:

“Sí”, dijo. “Relájense”.


Buen consejo. Así que vamos a tratar lo mejor que podamos para seguirlo. Y quizás podamos ayudarlos a eso, presentando las cinco principales razones por las cuales la fecha límite de cambios está sobrevalorada:

5. Los buenos brazos no siempre son amuletos de buena suerte

No hay nada que los equipos busquen más en la fecha límite que lanzadores abridores. Y vuela la mente el hecho de que muy pocas veces se consiguen. Consideren esto:

• Los últimos dos lanzadores abridores que fueron adquiridos a mitad de temporada, que ganaron un juego de Serie Mundial han sido Jeff Weaver (salido de la pila de desechos), para los Cardenales de 2006, y Mike Torres (una reliquia de otra era), para los Yankees de 1977.


• Y los últimos dos lanzadores cambiados el Día de la Fecha Límite (31 de julio) en ganar algún juego de postemporada fueron: Oliver Pérez (alguien llegado como paracaidista), para los Mets de 2006, y David Weathers (como preparador), para los Yankees de 1996.

¿Buenos o no?

Adquisiciones notables de mediados de temporada por equipos que llegaron a la Serie Mundial, 2005-07:

Medias Rojas 2007 -- Eric Gagne (6.75 ERA el resto de la temporada)

Tigres 2006 -- Sean Casey (bateó .245 el resto de la temporada)

Cardenales 2006 -- Jeff Weaver (dejado libre por los Angelinos luego de compilar récord de 3-10, con ERA de 6.29, logró récord de 5-4, 5.18 el resto de la temporada)

Medias Blancas 2005 -- Geoff Blum (bateó .200 el resto de la temporada, pero bateó un HR para decidir un juego en la Serie Mundial)

Así que, recuerden amigos, no hay seguridad de que cambiar por un C.C. Sabathia les vaya a dar a su equipo una mejor oportunidad de ganar la Serie Mundial que lograr un cambio por, digamos, Tim Redding. Y eso es un hecho.

Según O'Dowd, la razón es simple, y es que esos lanzadores abridores sólo juegan cada cinco días. Así que, “sólo miren el número de salidas que un lanzador abridor va a lograr para finales de septiembre”, dijo. “Probablemente serán unas 10. Así que si el tipo no domina en ocho de esas 10 salidas, será un cambio decepcionante”.

Los jugadores de posición son diferentes, ya que, según dijo, “se mezclan con los demás”. Y los brazos de bullpen, en el rol correcto, “pueden ser una gran diferencia”. De hecho, les podemos asegurar que O'Dowd realmente cree eso, aún cuando las únicas clases de jugadores que tiene en su bloque de cambios son (coincidentemente) bateadores y relevistas.

¿Y esos monstruosos acuerdos con lanzadores abridores? Eso crea “una cantidad increíble de presión”, dijo. “Y no son muchos los tipos que pueden manejar eso”.


4. Aún las movidas correctas pueden salir mal.


Hemos estado estudiando algunos de los más grandes cambios que se han hecho en la fecha límite en la última media docena de años --esos cambios que fueron catalogados como “ganadores” en su momento--. Mirando en retrospectiva, ¿qué lograron? No lo que se esperaban de ellos. Eso es seguro.

¿Recuerdan los megacambios del año pasado? ¿Mark Teixeira a los Bravos? Los Bravos estaban a 3 ½ juegos del primer lugar cuando llegó. Terminaron a cinco juegos. ¿Eric Gagne a los Medias Rojas? Todo lo que trajo fue una efectividad de 6.75.

¿Quieren algunos otros, de años anteriores? ¿Carlos Lee a Texas en 2006? Los Vigilantes estaban a 1 ½ juegos, y terminaron a 13 de desventaja. ¿Bartolo Colón a los Expos en 2002? Jugaron por debajo de los .500 el resto de la temporada, y terminaron a 19 partidos en su división --y los tres prospectos que cambiaron por él se convirtieron en estrellas--.

Así que, ¿cuál es la moraleja de esta historia? Si eres un equipo con problemas cuando haces ese cambio “perfecto”, un tipo --sin importar cuán grande sea su nombre-- en raras ocasiones arregla tus problemas.

“La razón es porque no hay un equipo perfecto allá afuera”, dijo el gerente de los Tigres, Dave Dombrowski. “Así que lo que pasa es que, tan pronto haces un cambio para llenar tu necesidad más grande, eso te crea otra necesidad”.

O, aún si esos cambios funcionan, todavía necesitas no tener mala suerte. Sino, pregúntenle al ex gerente de los Astros Gerry Hunsicker, quien ahora es vicepresidente senior de operaciones de béisbol de Tampa Bay. Hizo dos de las mejores adquisiciones de mediados de temporada de la última década, obteniendo a Carlos Beltrán en 2004 y Randy Johnson en 1998. Ninguno de esos cambios llevó a su equipo a la Serie Mundial, aún cuando definitivamente no fue su culpa.

Beltrán conectó ocho cuadrangulares en esa postemporada --pero Roger Clemens no pudo sostener una ventaja de una carrera en el juego 7 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. Y Johnson tuvo efectividad de 1.93 en esa postemporada. Pero su equipo anotó un total de dos carreras en sus dos salidas en octubre, “así que perdimos dos juegos de baja anotación en la primera ronda”, dijo Hunsicker, “y nos fuimos a casa”.

A Hunsicker se le ha preguntado unas “100 veces” si haría nuevamente esos cambios. Dice que los haría. Pero eso no significa que no le atormente el resultado de los mismos.


3. Es más duro que nunca.


Hubo una vez a finales de los años 90, cuando las transferencias de salarios astronómicos eran la orden del día, que un equipo podía deambular por el mercado de cambios antes de la fecha límite y conseguir un acuerdo por un Randy Johnson o un Mark McGwire. Pero en estos días, en una era de prosperidad financiera sin precedentes, ese tipo de cambio son difíciles de conseguir.

Ahora se ven muy pocas transferencias de salarios. Existen más equipos que creen que están en contienda en julio, impulsados por sueños de comodines y la epidemia de remontadas milagrosas en la segunda mitad de la temporada en los últimos años.

Existe un nuevo énfasis en el valor de los buenos jugadores jóvenes. Y, francamente, en una era donde la fecha límite de cambios nunca había estado tan cubierta o disertada, existen más gerentes generales “que tienen miedo de cometer un error”, dijo O'Dowd.

“Así que hablando en general”, dijo Hunsicker, “uno tiene que sobrepagar por lo que obtienes. Y los tipos que obtienes probablemente no te van a llevar a donde tú esperas llegar”.

Eso, mis amigos, es el estado actual de los cambios en la fecha límite. Y porque es así, muchos gerentes salen al mercado con la idea de que es mejor hacer cambios por piezas pequeñas, que esos megacambios monstruosos que les podrían reventar en la cara.

“Cuando uno obtiene esas piezas pequeñas”, dijo O'Dowd, “esos jugadores vienen y las expectativas de ellos no son tan grandes. Y eso influye mucho. Realmente creo que las expectativas son la cosa más difícil con la cual hay que bregar en el deporte, tanto colectivamente --la presión de ganar en las oficinas centrales-- y en los individuos involucrados. Creamos esas expectativas tan grandes, y al final, muy poca gente es capaz de cumplir con esas expectativas”.

Así que miren los cambios que tuvieron el mayor impacto en un equipo campeón de Serie Mundial en los últimos años: Weaver, Geoff Blum, Dave Roberts, Ugueth Urbina. Digamos que esos no son adquisiciones dignas de interrumpir la programación de las televisoras para ser anunciados cuando suceden. Pero rindieron mejores dividendos de lo que muchos pensaron en octubre.

“Es increíble”, dijo Dombrowski, “cómo ocurre el ganar. Algunas veces es porque hiciste un acuerdo. Pero algunas veces sucede sólo por traer un tipo de Liga Menor. Algunas veces es por cambiar tu mezcla de jugadores. “Muchas veces los equipos no quieren recurrir a sus jugadores jóvenes porque no son nombres grandes. Pero muchas veces, el tipo que subes de Liga Menor es mejor que el tipo que adquiriste en un cambio. La diferencia es, que el tipo del cambio es un nombre más grande que el tipo de Triple-A. Pero eso no significa necesariamente que sea mejor”.

Eso es fácil de olvidar en esta época del año. Pero pregúntenles a los Medias Rojas quién tuvo el mayor impacto en su equipo en octubre pasado: ¿Eric Gagne o Jacoby Ellsbury? Para muestra, un botón basta.


2. No pagan la renta
Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo enfocándonos en jugadores cuyo encuentro con la agencia libre está a semanas de que ocurra. Pero mientras los cambios por ese tipo de jugador son los que más probabilidades tienen de ocurrir, esos también son los cambios que más juegan con el peligro.

“Cuando cambias un jugador por un corto periodo de tiempo”, dijo Hunsicker, “la realidad es que cualquier jugador, sin importar cuán bueno es, se calienta y se enfría. Así que, mientras menos tiempo esté en tu equipo, más riesgoso es, porque ese jugador podría enfriarse por un mes”.

Por ejemplo, nadie recuerda que hubo un periodo de tres semanas, justo luego del arribo de Beltrán a Houston, donde bateó .208, con casi tantos ponches como hits. Fue algo tan duro, dijo riéndose Hunsicker, que “recuerdo que el dueño me preguntaba, un mes después de haberlo conseguido, acerca de cuán bueno era el tipo”.

Obviamente, Beltrán se recuperó a tiempo para convertirse en el Sr. Octubre de ese año. Pero cuando obtienes en cambio a un jugador rentado, “es como lanzar dados, sin saber si obtendrás el jugador que esperas tener”, dijo el hombre que lo cambió.

Así que más y más veces escuchamos a equipos hablando acerca de conseguir en julio a jugadores que puedan quedarse con ellos por un año o dos, o inclusive tres, luego que pase la locura de la fecha límite de cambios -- porque, si nada pasa, eso les da una mejor oportunidad de obtener el máximo en la transacción--.

El ejemplo perfecto, dijo el gerente por mucho tiempo de los Bravos, John Schuerholz, es Teixeira. Ese cambio en julio “no nos dio resultados”, admitió Schuerholz. “No pudimos llegar a los playoffs. Pero logramos ese cambio no sólo por lo que queríamos hacer el año pasado, pero también por lo que podríamos hacer este año. Él hizo lo que esperábamos que hiciera, y más. Pero sabíamos que, en caso de que no ocurriera, lo tendríamos con nosotros desde la primavera y toda la temporada”.

Así que quizás jugadores alquilados como Sabathia y el relevista de los Rockies Brian Fuentes, se sienten como los nombres más calientes de julio en este momento. Pero no nos sorprendería si Erik Bedard, Matt Holliday yd Jason Bay, se conviertan en nombres aún más grandes en las próximas tres semanas.


1. La fecha límite ni siquiera es una fecha límite.


Por varios años, una de las citas más indelebles de Hunsicker se nos ha quedado grabada en el cerebro, sólo para salir a relucir en cada mes de julio: “La fecha límite de cambios”, dijo, “es una fecha límite artificial”.

“Siempre he sentido que, si uno va a depender de hacer de un cambio en la fecha límite de cambios, es como encerrarse en una esquina cuando pintas el piso”, según dijo el autor de esa cita esta semana. “No se supone que sea la manera en que esto funcione. Siempre he sentido que, porque viene ese día en el calendario y toda la presión que uno siente se va acumulando rápidamente, uno tiene que hacer un cambio antes del límite… si esa es la manera en que uno construye su equipo, eso parece artificial”.

Y no podía tener más razón. Muchos cambios realmente malos se hicieron antes del límite. Y una de las mayores razones es todo el despliegue que nosotros creamos --tanto los medios como los fanáticos-- porque es un despliegue en el que inclusive los gerentes quedan atrapados, muchas veces contra su propia voluntad.


“Los únicos [gerentes] que pueden aislarse a sí mismos de esas expectativas”, dijo O'Dowd, “son los que han sido tan exitosos, que no sienten que sus trabajos están amenazados, o los que pueden poner todo en su justa perspectiva tan sólo por la virtud de su propia experiencia”.

Pero para todo el mundo, la presión aumenta. Los rumores explotan. La competencia es dura. El camerino está mirando. Y aumenta “al punto que muchos tipos sienten que tienen que hacer algo”, dijo O'Dowd. “Es por eso que pienso que muchos de los mejores acuerdos en la fecha límite de cambios son los que no se hacen”.

De hecho, no ha podido borrarse de la mente uno de esos cambios fallidos -- un mega cambio en 1995 que habría enviado a Bret Saberhagen a Cleveland, donde O'Dowd era asistente del gerente en ese momento.

Habría sido un cambio que requería que los Indios "cedieran cosas que nunca debieron haber cedido," recuerda. Así que cuando Saberhagen se fue en cambio a los Rockies, “recuerdo el sentido de decepción cuando no lo obtuvimos. Pero también el sentido de alivio que tuvimos cuando no lo obtuvimos cuando nos despertamos a la mañana siguiente”.

Por si lo recuerdan, esos Indios de 1995 llegaron a la Serie Mundial, aún cuando todos nosotros, los llamados “expertos” los llamaron “perdedores” luego de la fecha límite de cambios. Es un recuerdo vívido de que los “ganadores” de julio son a veces los perdedores de octubre, y viceversa. Eso sucede cada verano, en el despliegue masivo de otra fecha límite de cambios.

¿Entendieron? Tremendo. Así que ya están advertidos sobre lo que significa y lo que no la fecha límite de cambios, ¿cierto? Bien. Ahora que hemos dejado eso en claro, volvamos a nuestro despliegue regular de frenesí previo a la fecha límite de cambios.