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LA HABANA / AP

La Selección cubana de béisbol emprende rumbo a Beijing con dos misiones: ganar su cuarta medalla de oro y ayudar a que la disciplina regrese al menú olímpico en el futuro.

Beijing será la última Olimpiada para el béisbol, que fue eliminado de la programación de los Juegos de Londres 2012. Cuba ha ganado tres de las cuatro medallas de oro desde que el deporte fue incluido oficialmente en las Olimpiadas, en Barcelona 1992. La otra la ganó Estados Unidos.

“Todos los equipos estamos comprometidos en dejar una buena imagen del béisbol, para que el Comité Olímpico Internacional reconsidere su decisión de eliminarlo del programa”, dijo a la AP el antesalista cubano Michel Enríquez, mientras practicaba bajo el ardiente Sol caribeño en La Habana.

El béisbol es el deporte nacional de Cuba, y los logros de su selección son motivo de orgullo para el país. Por lo tanto, su exclusión de las Olimpiadas es un golpe duro para el pueblo cubano.

El talentoso intermedista Yulieski Gourriel auguró que la afición cubana “va a perder interés en los Juegos Olímpicos sin el béisbol; es el pasatiempo nacional y lo que más sigue”.

Para el guardia Rafael Mendoza, quien habla de béisbol a todas horas, “unos Juegos sin béisbol nunca va a ser igual”, porque “para los cubanos es la medalla que no puede faltar, la que más esperan y más disfrutan”.

Si definitivamente es el último torneo olímpico de béisbol, Cuba hará todo lo posible por darle la despedida con un triunfo. En Beijing “no tenemos otra opción que no sea ganar”, declaró el manager cubano Antonio Pacheco.

Por años indomables, Cuba sufrió dos sonantes derrotas frente al eterno rival, Estados Unidos, en el Mundial de Béisbol Aficionado en 2007 y en el preolímpico de América en 2006.

“El equipo tiene que batear más, hacerlo sobre todo con inteligencia, mejorar la técnica y el pensamiento táctico”, afirmó Pacheco durante un entrenamiento en el Estadio Latinoamericano de la capital.

En Beijing la novena de la isla tiene ansias de demostrar que su béisbol no está en crisis, y que sus múltiples victorias anteriores no fueron pírricas.

Pacheco, con la ayuda de Orestes Kindelán, el hombre que más cuadrangulares (487) conectó en el béisbol cubano, elaboraron un trabajo especial para que los bateadores recuperen el potencial ofensivo.

Gourriel, uno de los que se quedó sin pólvora en el madero en sus últimas salidas internacionales, consideró que la isla buscará “borrar la imagen de los últimos torneos”.

La novena de la isla perdió el invicto que inició en 2001, cuando Japón la venció en la final del Clásico Mundial (2006).

Canadá, China, Corea del Sur, Cuba, Estados Unidos, Holanda, Japón y Taiwán, lucharán en el torneo de Beijing.

Pacheco, capitán de la novena campeona en los Juegos Olímpicos de 1992 y 1996, afirmó que su equipo tiene una “defensa sólida” e “impresionan con el amor que le imprimen al juego de béisbol”.

Sin embargo, manifestó que “necesitan pensar en el terreno como los profesionales, anticiparse a las jugadas”. Además admitió sin rodeos que “el pitcheo es lo más débil a pesar de jóvenes talentos”, a quienes hay que “inyectarle experiencia”.

El as de la rotación será Pedro Luis Lazo, quien brilló en el primer Clásico Mundial. El derecho se caracteriza por su control, una recta de hasta 93 millas y una curva de 85, además de un ritmo acelerado de lanzamientos.

“Oír el himno de tu país en el podio olímpico es la emoción más grande”, afirmó Lazo.

Otro experimentado es Norje Luis Vera, de 37 años, y destacan Jonder Martínez y el zurdo Yulieski González, líderes de la pasada serie nacional.

Varios jugadores de la isla probaron suerte en Estados Unidos, entre ellos dos de los mejores pitchers del país, José Ariel Contreras y Orlando “El Duque” Hernández.

Pero en un país donde el béisbol es “pasión y cultura”, el presidente del Comité Olímpico Cubano, José Ramón Fernández, aseguró que la disciplina se mantendrá como “una prioridad... esté o no en el programa de los Juegos Olímpicos”.

Pero para Gourriel y Enríquez “la motivación no será la misma”, y agregaron que “el Clásico es un torneo sin precedente, pero los Juegos Olímpicos son grandiosos, no hay nada comparable”.

Mientras la selección se prepara para el adiós olímpico del béisbol, el niño de ocho años, Yosvani Ramírez, lanza y batea sin descanso en la escuela de béisbol de un municipio capitalino, y sueña con poder subir a un podio olímpico en el futuro.

“Yo también algún día iré a unos Juegos Olímpicos, el béisbol volverá, sino no sería justo”, reclamó.